lunes, 22 de diciembre de 2014

Vacío

Vacíos

Sea el caso de alguien que tiene una vida 'estable'. Definiré estable como alguien que tiene relaciones sociales basadas en una lealtad razonable hacia sus amigos -y viceversa-, tal vez una novia razonable, afectos positivos hacia su familia -y viceversa-, en una sola palabra, alguien que tiene en quién confiar, con quiénes sonreír, con quiénes departir o con quiénes beber un buen cóctel. Teniendo algo así, no podríamos pedir más en tanto a nuestro ámbito social. Pero, ocurre algo. Nos aburrimos de nuestras acciones. Ya había escrito algo similar a lo que planteo aquí, en aquella ocasión mi conclusión era el pensar en el suicidio -claro, teniendo en cuenta otros factores, no sólo lo social- como una decisión razonable -alejándonos de las típicas críticas, tales como que es cosa de cobardes y demás cosas fundadas en creencias rancias-.
 Esta vez es distinta la conclusión y la causa por la que retomo ese hastío que origina la rutina, a pesar de que tengamos una vida estable. En esta ocasión estoy pensando en los agentes por los que definí lo que es estable. Pienso que en algún momento debemos pedir un descanso, o alejarnos en silencio. Hacernos a un lado mientras ellos departen, mirar, escuchar alguna canción mientras le damos un buen trago a nuestro cóctel y entender que no siempre estamos -ni tenemos por qué estar- en disposición de alguien, así sea alguien a quien le tengamos un profundo aprecio. Esto no implica que seamos groseros con esas personas o que olvidemos ese profundo aprecio que les tenemos, claro que podemos discutir lo segundo, pero lo primero es inobjetable.
 Debemos alejarnos, ellos también nos cansan -como la rutina-, de manera sutil, pero ocurre. Y no hay porqué temer respecto a ese sentimiento, es claro que somos cambiantes, ya Kant nos decía que la permanencia no está en nosotros. Hoy nos sentimos muy fuertes, mañana que les hable esa persona en quien han depositado toda su confianza, todas sus acciones, en una sola palabra, esa persona por la cual depende su vida, para decirles que ya no quiere que la busquen ni que tengan comunicación pues ya encontraron a alguien más, entonces ya no serán fuertes. O tal vez sí. Estoy seguro que no. Somos cambiantes. Y por tanto no hay razón para no entender que de repente nos aburramos de los agentes por los que definimos la vida estable -al menos en el sentido que le quiero dar a este discurso-.
 Lo anterior tiene una finalidad: debemos darnos un respiro. Incluso teniendo amigos, nos podemos sentir invadidos. Muchas veces me pregunto qué piensan de mí mis amigos, si es esperan algo, si es que creen que ya me conocen, por qué se juntan conmigo, qué ven en mí o qué les motiva para aceptar una invitación mía para ir a departir mientras bebemos o escuchamos música. Y lo pienso porque no quisiera que me idealicen. No quisiera que esperen algo de mí, así como ellos esperan de ellos. La lealtad está ahí, pues son mis amigos, de eso no hay duda. Ojalá no vayan más lejos y no olviden que aunque intento defender que debemos esforzarnos hasta lo más, no dejarnos caer, buscar, correr, que aumente nuestra respiración y querramos más, uno también se cansa. Es la maldita condición de humano. Hay consecuencias. Es imposible andar con precaución para no joder a otro, no somos adivinos ni olfateamos cuando alguien no está de humor'. Pero somos razonables. Así como observadores y atentos a las palabras que el otro dice.
 Esto es un lloriqueo, o tal vez no. Lo que hay detrás y quiero dejar claro es que la razonabilidad es fundamental en el ámbito de la amistad. Al menos la amistad que sostengo aquí, que es una basada en un diálogo si no pedante sí que se esfuerza por ser estructurado y que intenta llegar a algún fin. Además de que es una relación que nos brinda el apoyo para no sentirnos solos frente a circunstancias que si no son muy fuertes, sí nos afectan por aquella condición a la que maldigo en distintas ocasiones, la de humano.

M. Téllez.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Extrañar

Extrañar

De poco sirve pensar que ya no estás aquí. Te extraño. Nuestras acciones ya eran cotidianas, no por eso carentes de vitalidad o valor. A veces aburridas o muy pasivas. No por ello carentes de importancia para mí. Me hago la cuestión ya común de joven, ¿ tú qué pensarás?, ¿también extrañarás cómo era cuando convivíamos? Ya qué importa- me digo. Sin saber si sea cierto o falso. Sé que en este ámbito no se trata de algo verdadero o no. O eso pienso. Detesto mi condición de humano. Estoy seguro que no soy el único que quisiera ser como una memoria artificial, donde es posible eliminar datos, sin que quede rastro alguno. Eso he tratado de hacer con las memorias que tengo de ti. No he podido. A veces bebo para poder escribir respecto a éste tema. Estando sobrio sé que estos temas son ínfimos, no valen la pena, hay cuestiones más importantes que estos lloriqueos de humano. A pesar de que los pienso así, mi estancia de solo no apoya esa tesis. Al contrario, me orilla a dudar, a preguntarme si estaré haciendo lo correcto, pues ya es mucho tiempo que no logro superarlo. Una cicatriz que no se va. Como las arrugas que jamás se irán. Marcas de la vida. ¿Para qué tendrán que estar esas marcas? Hay marcas que son superficiales, no se sienten. Sólo sabes que están ahí cuando alguien las menciona. Sin que te mencionen sé que estás ahí, en donde mis memorias. Cicatriz que no requiere ser nombrada.
 
Déjame, déjame ya. ¿No ves que abandoné tanto y luego de tu desprecio no pude recuperar algo? Aquel cambio no hizo ruidos. Bastó la razón para no caer. Sólo me detuve, un respiro, me toqué las rodillas, sentí el cansancio: debía continuar. Continué. Continúo. Pero como ese deportista que no quiere entender que requiere descanso, donde su carrera se ve en peligro, serio o no serio, sigo sin detenerme. Ignoro las caricias que puedan servir como masaje, ignoro los besos que quieran ser una anestesia. Ignoro un cuerpo que quiera darme su energía. Como si lo que necesitara fuera transferencia de energía. No hay energía como la mía. No la hay. O eso pienso.

M. Téllez.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Entre mis libros.

Entre mis libros

Tomo un vaso de vino. He roto todas las copas que tenía. Algunas con amigos, el resto yo solo. No me resulta sencillo hablar de lo que siento sin una buena bebida. Hay quienes creen que beber para hablar es de cobardes. Se equivocan. Hay tantos imbéciles sobrios que sólo hablan porque tienen boca. En mi situación, he dicho bajo qué universo de discurso ocupo una bebida.
  Veo tus nuevas fotos y luces hermosa. Sin embargo, el sentimiento no es todo admiración. Sé que no puedo mirarte en la escuela, por tu casa, con tus hermanos, tus padres, en el parque, etc. No sé si algún día pueda mirarte en algún lugar cotidiano. Por eso mi sentimiento no es todo admiración.

M. Téllez.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Acciones distintas

Acciones distintas

Las protestas siguen latentes en la ciudad y en otros estados. Pero lo que escribo lo hago pensando en mi ciudad.
  Durante años se ha marchado y se consigue poco. Pero no hablemos de los resultados para no meternos en discusiones' que no tienen caso. Hoy se marcha por 43 desaparecidos. Ahora se protesta por los llamados presos políticos. Después por las detenciones arbitrarias -que bien pueden formar parte del conjunto de los presos políticos-. Hoy comenzarán las protestas por ésta nueva tendencia, a saber, que se persigue a los 'activistas', o bien, personas que se encuentran en las cuestiones sociales de hoy día. Las llamaría políticas, pero cada vez que suena 'político', 'política', 'políticas', etc., esa palabra que designa asuntos complejos, hoy ya tiene el tinte de corrupción, de gobierno autoritario. Nuestro Estado está en ruinas. Es sabido que hay buenas cosas en el D.F., pero no tendría que ser perseguida la gente por expresar sus creencias, a menos -tal vez-, que violen la integridad de otras personas o sean prácticas no defendibles. Pero hacer una protesta o participar en asambleas no pertenece a esas cuestiones, o al menos eso pienso.
  Nuestras acciones deben cambiar. En escritos anteriores es claro que defiendo la democracia, que pienso que -como Rawls- nuestras instituciones se deben regir por principios establecidos luego de algún consenso, con el uso de la razón, etc. Pero, como bien señala Rawls -también-, seguir principios es razonable sólo cuando el otro los sigue. Y el Estado, que debe garantizar libertades, hoy día no lo hace. Es un Estado en ruinas, como dije.
  Si van a marchar, piensen porqué lo hacen. Ver tanta gente reunida en un sitio por un motivo, sólo causa un sentimiento. No tiene sentido que haya gente en las calles con enojo y frustración. Los sentimientos son importantes, de eso no hay duda, pero no deben ser esos factores los que dirijan nuestras acciones. El gobierno ya las conoce bien. Siempre se ha marchado que el gobierno ya sabe cómo ensuciar las marchas, o tal vez el gobierno ni siquiera ocupa hacer algo. La organización es un desastre en muchas ocasiones, se estipula algo y alguien por alguna emoción realiza otra cosa. Se debe entender que si se marcha hoy día, se está paseando por la puerta de la violencia. Pienso que estamos en ese nivel. Por eso comencé que hay que cuestionarnos porqué lo hacemos -marchar-. Si creemos que marchando equivale a una solución, somos unos ingenuos. Tal vez cercar a las autoridades sea más factible, pero no menos peligroso. Y eso es lo que debemos entender. Estamos en peligro. Y esto no debería causarnos miedo, debería ponernos alerta, entender que no todos estamos en condición de estar en un enfrentamiento. Alguna vez presencié un enfrentamiento entre granaderos y encapuchados, me pareció un teatro. Si la gente fuera organizada y tuviera mentalidad de corte estratégico, los granaderos estarían en mayor peligro, podemos tener más armas que ellos. Y somos más. Pero no quisiera que el texto se preste a que estoy incitando a un levantamiento, eso sería también muy ingenuo. Hay que pensar, las cosas cada día se tornan más difíciles. Nuestras acciones deben cambiar.

M. Téllez.

lunes, 17 de noviembre de 2014

SED

Tus labios, se empalman
a mi horizonte vertical.

Ayuno que traga mi saliva,
beso que no sabe,
                            insipido,
beso que no huele,
                            inodoro,
beso que no es beso,
                            infame.

Un último respiro,
un estarse disipando, esparciendo,
                                                     mutilando. 

El hambre,
                  te acongoja y grita,
vocifera,
                  órganos secos,
se adhieren,
y pegan al hueso,
                           alabastro,
tu carne,
ya no es carne,
                          ni sangre,
es tierra,
polvo,
beso que te disuelve.

Nunca viniste calma,
                     viniste a darme sed,
a empaparme de sed,
por la tierra seca que eres tú.

Tierra infértil.

Cae una lágrima y no se abre el mundo,
se abre el hambre,
                            tu hambre,
cada vez, más viva
                            y pusilánime.

jueves, 23 de octubre de 2014

Cartas perdidas para una cristiana

Cartas perdidas para una cristiana 01/04/13
 
No entiendo porqué la gente siempre o la mayoría de las veces, tiene una cara larga' como dicen, en el transcurso del día. Ignoro si no tengan razones por las cuales sonreír, aún así, deberían entender que si sonríen al menos un poquito', las cosas se tornarían de diferente manera -o eso creo-, sin embargo, ¿cómo motivar a la gente?
 
M. Téllez. 

Cartas perdidas para una cristiana

Cartas perdidas para una cristiana 29/03/13

Es cierto que no puedo contarle cosas a las personas que me rodean. Es algo frustrante, ignoro si te llegue a ocurrir algo similar, en mi caso es frustrante, como te digo. Sabes, a veces siento que pensar' las cosas es una especie como de "maldición" si me permites llamarle así. Porque haces analogías, entonces conforme una persona ya te dio respuestas sobre algún tema, ya sabes de alguna forma, cómo es su proceder y por lo tanto ya puedes suponer cómo serán sus respuestas o sus consejos en temas diversos, es a lo que se le conoce como postura', al menos esa es mi definición. Entonces, debido a sus posturas, hay temas que ellos no son capaces de llevar con calma' y también, no son capaces de no inmiscuir sus sentires con el tema, sus propias experiencias en el tema etc... Sé que es frecuente que cuando nos cuentan algo, nosotros decimos alguna anécdota que tuvimos, y que tiene que ver con "x" tema, sin embargo, cuando se trata de un problema' o de un tema que una persona te cuenta buscando una solución, una especie de consejo', creo que lo primero no es recurrir a ese método, sino analizar las partes del problema', haciéndose a un lado del problema', es decir, no inmiscuir sus experiencias, sus creencias etc., sino tratar de llegar al meollo del tema para así poder otorgar una o más soluciones posibles al tema. Es el caso que las personas que me rodean, no captan (ni captarán quizás) este procedimiento. Es cierto que debemos aceptar a las personas como son, las acepto de hecho y demás. Aún así, pienso que una cosa es soportarlas', y otra cosa es hacer que entiendan de razones... Es algo muy problemático ¿no lo crees? He pensado mucho este problema', vaya que sí es problema, no debe llevar el apóstrofe que le pongo a las palabras que son un tanto dudosas, ahora sabes porqué uso mucho a veces este signo ' . Es por eso, lo hago cuando la palabra es un tanto dudosa o para hacer que no recaiga un poder real de significación o mejor dicho, para que no le otorguen un valor tan pesado que no debe adquirir.
 Por lo anterior, se sigue que tengo entonces restricciones para contar las dudas que me atormentan' en diversas ocasiones. Contigo no me ocurrían cosas así, eres de las pocas (si no es que la única) que escuchaban completamente mi discurso', y lo asimilaban, decían su pensamiento sin inmiscuir o provocar una especie como de "polémica" como dicen, que ese es otro problema, a veces la gente no sabe usar las palabras y provoca malentendidos, en tu caso, empleabas palabras sencillas y no lo sé, me sentía comprendido. Muy comprendido.
 
M. Téllez.