domingo, 15 de junio de 2014

Domingo.

Se dice que nunca se está solo. Yo no opino lo mismo. Hay que plantear necesariamente la diferencia entre: estar solo y no sentirse solo, estar acompañado y sentirse solo, estar solo y sentirse solo… Nunca significarán lo mismo.
Ocurre que este domingo, día del padre, me hizo sentir como otros días me habían hecho sentir: sola. Pero no sola por no tener a personas alrededor, ni sola no-sola, sino total y absolutamente sola. Y claro, se supone que todos estamos conscientes de que estamos individualmente solos, esto se nos repite todo el tiempo, a cada rato y nos pensamos precisamente por esto como individuos, como personas “independientes” y “diferentes del otro”. Pero siempre se espera que el otro te acompañe para no sentir esa soledad de la que tanto se habla. De repente el otro se enoja y se le ocurre que estará contigo de nuevo si y sólo si se le pasa el enojo. Estarán compartiendo soledades cuando se le pase el enojo. Luego, se le pasa y estás no-solo. Luego, se enoja nuevamente y así, ad infinitum… Lo más divertido es que sí lo esperamos.
No me refiero a pensarte como individuo sino a sentirte como tal. Es probable que no me esté dando a entender, esta noche ni yo me entiendo. Seguramente tiré un montón de palabras sobre esta página y las hilé forzadamente, así como las relaciones humanas creadas para la subsistencia de la especie.

Hoy me tiré en la cama, miré al techo, me sentí sola (verdaderamente sola) y comencé a llorar. Se siente raro.

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