Tus labios, se empalman
a mi horizonte vertical.
Ayuno que traga mi saliva,
beso que no sabe,
insipido,
beso que no huele,
inodoro,
beso que no es beso,
infame.
Un último respiro,
un estarse disipando, esparciendo,
mutilando.
El hambre,
te acongoja y grita,
vocifera,
órganos secos,
se adhieren,
y pegan al hueso,
alabastro,
tu carne,
ya no es carne,
ni sangre,
es tierra,
polvo,
beso que te disuelve.
Nunca viniste calma,
viniste a darme sed,
a empaparme de sed,
por la tierra seca que eres tú.
Tierra infértil.
Cae una lágrima y no se abre el mundo,
se abre el hambre,
tu hambre,
cada vez, más viva
y pusilánime.
lunes, 17 de noviembre de 2014
jueves, 23 de octubre de 2014
Cartas perdidas para una cristiana
Cartas perdidas para una cristiana 01/04/13
No entiendo porqué la gente siempre o la mayoría de las veces, tiene una cara larga' como dicen, en el transcurso del día. Ignoro si no tengan razones por las cuales sonreír, aún así, deberían entender que si sonríen al menos un poquito', las cosas se tornarían de diferente manera -o eso creo-, sin embargo, ¿cómo motivar a la gente?
M. Téllez.
Cartas perdidas para una cristiana
Cartas perdidas para una cristiana 29/03/13
Es cierto que no puedo contarle cosas a las personas que me rodean. Es algo frustrante, ignoro si te llegue a ocurrir algo similar, en mi caso es frustrante, como te digo. Sabes, a veces siento que pensar' las cosas es una especie como de "maldición" si me permites llamarle así. Porque haces analogías, entonces conforme una persona ya te dio respuestas sobre algún tema, ya sabes de alguna forma, cómo es su proceder y por lo tanto ya puedes suponer cómo serán sus respuestas o sus consejos en temas diversos, es a lo que se le conoce como postura', al menos esa es mi definición. Entonces, debido a sus posturas, hay temas que ellos no son capaces de llevar con calma' y también, no son capaces de no inmiscuir sus sentires con el tema, sus propias experiencias en el tema etc... Sé que es frecuente que cuando nos cuentan algo, nosotros decimos alguna anécdota que tuvimos, y que tiene que ver con "x" tema, sin embargo, cuando se trata de un problema' o de un tema que una persona te cuenta buscando una solución, una especie de consejo', creo que lo primero no es recurrir a ese método, sino analizar las partes del problema', haciéndose a un lado del problema', es decir, no inmiscuir sus experiencias, sus creencias etc., sino tratar de llegar al meollo del tema para así poder otorgar una o más soluciones posibles al tema. Es el caso que las personas que me rodean, no captan (ni captarán quizás) este procedimiento. Es cierto que debemos aceptar a las personas como son, las acepto de hecho y demás. Aún así, pienso que una cosa es soportarlas', y otra cosa es hacer que entiendan de razones... Es algo muy problemático ¿no lo crees? He pensado mucho este problema', vaya que sí es problema, no debe llevar el apóstrofe que le pongo a las palabras que son un tanto dudosas, ahora sabes porqué uso mucho a veces este signo ' . Es por eso, lo hago cuando la palabra es un tanto dudosa o para hacer que no recaiga un poder real de significación o mejor dicho, para que no le otorguen un valor tan pesado que no debe adquirir.
Por lo anterior, se sigue que tengo entonces restricciones para contar las dudas que me atormentan' en diversas ocasiones. Contigo no me ocurrían cosas así, eres de las pocas (si no es que la única) que escuchaban completamente mi discurso', y lo asimilaban, decían su pensamiento sin inmiscuir o provocar una especie como de "polémica" como dicen, que ese es otro problema, a veces la gente no sabe usar las palabras y provoca malentendidos, en tu caso, empleabas palabras sencillas y no lo sé, me sentía comprendido. Muy comprendido.
M. Téllez.
Cartas perdidas para una cristiana
Cartas perdidas para una cristiana 28/03/13
Permíteme decirte algunas cosas que he notado y son importantes.
Sabes, la gente la mayoría de las veces dice muchas cosas que creen verdaderas. Sin embargo, casi' en su totalidad lo dicen por hecho momentáneo, es decir, apenas perciben algo y se aventuran a declarar muchas cosas. Especialmente en el tema de los sentires' con respecto a otra persona. Quizás se piense que eso es natural, y puede ser que sí, sin embargo, lo que he podido ver, es que las especulaciones que las convierten fácilmente en verdades', son carentes de análisis, es decir, no las cuestionan, sólo las dicen, y eso creo es algo muy peligroso'... Parece algo obvio, y exactamente esa "obviedad" digamos, hace que pierdan valor las palabras en algunos casos. Otro problema', es que quizás no parezca cosa seria', sin embargo, creo que eso es otro factor, pues no se le otorga suficiente seriedad a lo que se dice.
Planeo estar escribiéndote, por lo tanto me gustaría que todo' o casi todo, quedara muy claro, lo más
claro posible. Mis motivos del porqué escribirte, quizás los diga más adelante, aunque quizás, sí, sé que sería muy poético hacer una especie de discurso del porqué te escribo, aunque quizás se puede resumir a que eres muy especial para mí. Parece algo aventurero' como lo que dije arriba, aunque exactamente por eso desarrollé esos "problemas" porque lo que te digo aqui, se excluye de esos casos, quiero que me creas lo más que se pueda, siempre me pareció importante escribirte, hablarte y cosas así, no ha cambiado eso. Te comparto lo más íntimo que tengo, que son mis pensamientos, ¿por qué? precisamente por esas cuatro palabras que parecen muy "obvias" o digamos "simples", sencillas", incluso ya en muchas ocasiones, carentes de valor', la gente las usa de una manera que las "prostituye" como se dice a veces, que pierden su poder real'.
M. Téllez.
viernes, 3 de octubre de 2014
¿Sólo por un zapato?
Estaba desconcertado; aún no
recuperaba la noción del tiempo que había perdido hace algunos instantes y
sentía una fuerte presión en la base de la nuca. Emanaba un incipiente dolor
punzante de mi rodilla derecha. Me invadió la necesidad de dirigir mi vista a
la derecha y, luego, a la izquierda para poder identificar un punto de
referencia que me indicara mi ubicación. Logré ver el cielo nocturno sobre automóviles
en curso, semáforos descompuestos, luces de neón y negocios varios: Una
panadería, dos puestos de periódicos y las clásicas “tienditas”. Me pareció
extraño tomar consciencia de todo lo anterior estando sentado sobre un pequeño
banco de madera dentro de un puesto de dulces cerca de un cruce de avenidas. Todo
cobró una consistencia homogénea en el momento en que el dueño del puesto en
donde yo descansaba se me acercó y me preguntó — ¿Ya se siente mejor, joven? — Mi
rostro reflejaba extrañeza (aunque no tenía un espejo frente sabía que mis
facciones emitían un sentir de rareza absoluta hacia la cuestión) y, a pesar de
no encontrarle inmediatamente sentido al comentario de aquel señor, sólo me
incliné por responder afirmativamente asintiendo la cabeza. La benevolencia del
comerciante lo orilló a sugerirme que llamara por teléfono a algún familiar,
especialmente a mis padres, para explicarle lo sucedido. Ante esto, sólo esperé
unos minutos para llevar a acabo dicha sugerencia y, una vez realizada, guardé
mi teléfono en el pequeño bolsillo de mi camisa. Después de una pequeña plática
opté por agradecerle sus atenciones y marcharme camino a casa.
Cuando logré
dar cuenta de mi ubicación y dispuesto a partir, contemplé dos opciones para
llegar a casa: El “Metro” y el “Metrobús”. Sabía que en mi condición y en mi
confusión casi total, abordar el “Metro” a esas horas de la noche era
prácticamente un acto suicida. El ajetreo de las personas, el calor infernal y las
frustraciones generadas por las altas deficiencias del trasporte acabarían por
joder a cabalidad mi estado físico y anímico actual. No tuve más opción que
abordar el “Metrobús”.
Recargué con
seis pesos mi tarjeta para poder ingresar al trasporte y, una vez dentro,
esperé la llegada del mismo. Junto conmigo muchas personas también esperaban el
autobús y dado eso, no pude abordarlo hasta después de haber dejado pasar dos
camiones. Justamente, a la llegada del tercer autobús —Al número tres se le suelen
atribuyen propiedades mágicas, místicas y esotéricas ¿curioso, no? —, desde que
yo estaba ahí, pude cruzar sus puertas y acomodarme en la parte de atrás para
no estorbarle a nadie, ni de enfrente, ni de atrás, ni de los lados. Me coloqué
los audífonos en los oídos, pulse “play” en el reproductor que escondía en el
bolsillo izquierdo del pantalón y pasados diez minutos de viaje, mientras
sonaban unas rimas de Lírico, me percaté de que la chica que estaba parada a mi
costado y el amigo con el que venía platicando comenzaron a buscar algo que al
parecer se le había caído de su pequeña existencia femenina. Ante tanto
movimiento me quité los audífonos y moví mi mochila para que ella pudiera
buscar su objeto de una manera más cómoda. Sin más, se agachó e hincada sobre
sus rodillas, pude ver que metió su brazo en una ranura entre la salida de
emergencia del trasporte y el piso del mismo. No pude evitar oír su distintiva
voz comentando que no lograba alcanzar aquello que se le había caído. Yo, como
buen partidario del deber ser y del imperativo categórico, además, sabiendo
que mis características corporales me podían permitir alcanzar su objeto dada
la longitud de mis brazos, no dudé en dirigirme hacia ella para expresarle que
tal vez yo sí podría devolverle su objeto de la ranura donde había caído. Ella
sonrió y accedió a dejarme sacarlo, pero no titubeó en mencionarme que aquello
que había perdido era su pequeño zapato. Me agaché y traté de sacarlo, pero
como no pude conseguirlo no tuve más opción que levantarme para decirle apenado
que mi intento fue insuficiente. Para mala fortuna mía (al menos eso creí en
ese instante), al momento de erguirme, mi viejo teléfono salió violentamente de
mi bolsillo y, como si hubiese sido guiado, cayó exactamente donde ella había
perdido su zapato.
El incidente
había generado una serie de risas que parecía no iban a terminar en varios cuartos
de hora. Ella me pidió disculpas, pues, pensaba, era su culpa que mi aparato cayera.
Desde luego, comenté negativamente —No fue tu culpa, fue error mío. Al final no
pude alcanzarlo—. Consecuentemente, comenzamos a platicar. Supe su nombre, ella
supo el mío. —Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM—
respondí cuando me preguntó si estudiaba. Pregunté lo mismo, pero ella, a
diferencia de mí, contestó con su pequeña voz —Yo trabajo en el Museo Nacional
de Antropología; soy técnica en Restauración—. Seguro ella esperaba mi rostro
de sorpresa y si no, de todos modos no pude ocultarlo; ¡jamás había conocido a
una Restauradora!
Avanzado el
diálogo pude profundizar un poco en sus preferencias. Al parecer ambos
cuadrábamos en nuestro gusto por el arte. Se me escapó, dada la diversión de la
plática porque aún se oían risas, decirle que la Filosofía del arte, la
Estética y la Filosofía de la historia me estaban persuadiendo de ser objeto de
toda mi investigación filosófica, lo cual (al menos me gusta creer) le
“cautivó” de alguna manera. Cuando pensé que no podríamos tener más puntos en
común, se le ocurrió preguntarme cómo fue que obtuve un lugar en la “Máxima
casa de estudios”. Tuve que responder necesariamente, dada mi honestidad, que
lo hice mediante el “Pase reglamentado” que había ganado por ingresar (y
mantener mi promedio) a mi preparatoria: La Escuela Nacional Preparatoria #2.
Ella, asemejándose a mí, se sorprendió y exclamó — ¡Yo también iba en esa
escuela! —. Fue notable mi emoción al escuchar eso y con esa misma pasión siguió
la plática durante todo el trayecto hasta llegar a la terminal del trasporte.
Al llegar al
final de la ruta, el amigo de ella acudió al conductor para comentarle nuestro percance
de las estaciones pasadas y así poder recuperar nuestras pertenencias. Una vez
recuperados los objetos, salimos del autobús y, aún dentro de la estación, nos
despedimos de su amable compañero para seguir el camino que ambos debíamos tomar
para llegar a la avenida consecuente. Durante la breve caminata me fue
imposible contener mi impulso sumamente pasional de saber su número telefónico;
¡Tenía que contactarla para verla de nuevo!
Obtuve sus
datos, ella obtuvo los míos, pero más que eso, obtuvo mi atención. Cada cual
tomó su camino y aunque ambos dijimos “Adiós”, yo estaba seguro que sólo era un
“Te veré pronto”. Un beso en la mejilla y no he podido olvidar el olor de su
delicado cuello. Algunas miradas y no he podido olvidar la viveza de sus ojos.
Muchas palabras y no he podido olvidar la finura de su boca.
Un desmayo, un
zapato, un “gracias”, un “adiós” y sigo
creyendo fervientemente que las coincidencias no existen.
Estoy siendo
diferente, ¿Sólo por un zapato?
¿Y si a ella
jamás se le hubiese caído su zapato?
¿Y si…?
Diego A. Moctezuma
sábado, 27 de septiembre de 2014
AutomovilitOs vs. AutomovilistAs
Acabo de leer un estado en FB que despertó en mí esa voz parlanchina que los estudiantes de Filosofía, por lo menos, no podemos callar ni queremos que se calle. El estado decía: "Las mujeres deberían tener clases de manejo obligatorias. Que duren un semestre." A lo que no dudé en responder: "También los hombres."
Todo esto desencadenó un estira y afloja muy extraño pero común en nuestra sociedad. Por supuesto, la culpa siempre es de la mujer: que si chocaron fue culpa de la mujer, que si no se pasa el alto la mujer, que si va muy lento es porque es mujer... Y claro "¡Tenías que ser vieja!" se escucha diariamente.
Yo no sé conducir pero sí me sé de memoria este discurso diariamente repetido. Claro, "las mujeres son buenas para muchas cosas pero no para conducir."
Estamos en una sociedad hipócrita donde se defiende "la equidad de género" pero se sigue siendo excluyente y dudando de las capacidades de las mujeres.
Entonces, me pregunté si de verdad las mujeres confuctoras los hacen tan mal. Busqué en la red y por sorpresa encontré que la mayoría de los accidentes son causados por los hombres... ¿Entonces, qué ocurre aquí? ¿Por qué los hombres se quejan tanto de sus compañeras humanas?
Siendo el 74% de los accidentes viales más graves protagonizados por los hombres (http://diario.latercera.com/2011/10/01/01/contenido/pais/31-85388-9-estudio-muestra-que-el-74--de-los-accidentes-de-transito-es-protagonizado-por.shtml), me pregunto ahora: ¿Qué es para estos hombres "manejar bien" ya que afirman que las mujeres no saben hacerlo? ¿Será rebasar los límites de velocidad y pasarse los altos?
No es mi pretensión hacer apología de las contuductoras, sino mostrar lo mal informados que estamos y sobre todo que tanto hombres como mujeres necesitamos BUENAS CLASES DE MANEJO y no sólo eso, sino ser RESPONSABLES para así comprender que no tenemos derecho a exponer la vida de otros. Esta discusión no me parece que sea sólo una más de géneros sino, una discusión de carácter general para la adecuada conducta vial ciudadana.
Ahora me pregunto: ¿Cuál es la pelea siguiente: peatones contra automovilistas, motociclistas contra ciclistas o padres contra hijos? Como sea, estas tres antes mencionadas también se llevan a cabo y seguramente habrán muchas más de las que pueda pensar en este momento.
Todo esto desencadenó un estira y afloja muy extraño pero común en nuestra sociedad. Por supuesto, la culpa siempre es de la mujer: que si chocaron fue culpa de la mujer, que si no se pasa el alto la mujer, que si va muy lento es porque es mujer... Y claro "¡Tenías que ser vieja!" se escucha diariamente.
Yo no sé conducir pero sí me sé de memoria este discurso diariamente repetido. Claro, "las mujeres son buenas para muchas cosas pero no para conducir."
Estamos en una sociedad hipócrita donde se defiende "la equidad de género" pero se sigue siendo excluyente y dudando de las capacidades de las mujeres.
Entonces, me pregunté si de verdad las mujeres confuctoras los hacen tan mal. Busqué en la red y por sorpresa encontré que la mayoría de los accidentes son causados por los hombres... ¿Entonces, qué ocurre aquí? ¿Por qué los hombres se quejan tanto de sus compañeras humanas?
Siendo el 74% de los accidentes viales más graves protagonizados por los hombres (http://diario.latercera.com/2011/10/01/01/contenido/pais/31-85388-9-estudio-muestra-que-el-74--de-los-accidentes-de-transito-es-protagonizado-por.shtml), me pregunto ahora: ¿Qué es para estos hombres "manejar bien" ya que afirman que las mujeres no saben hacerlo? ¿Será rebasar los límites de velocidad y pasarse los altos?
No es mi pretensión hacer apología de las contuductoras, sino mostrar lo mal informados que estamos y sobre todo que tanto hombres como mujeres necesitamos BUENAS CLASES DE MANEJO y no sólo eso, sino ser RESPONSABLES para así comprender que no tenemos derecho a exponer la vida de otros. Esta discusión no me parece que sea sólo una más de géneros sino, una discusión de carácter general para la adecuada conducta vial ciudadana.
Ahora me pregunto: ¿Cuál es la pelea siguiente: peatones contra automovilistas, motociclistas contra ciclistas o padres contra hijos? Como sea, estas tres antes mencionadas también se llevan a cabo y seguramente habrán muchas más de las que pueda pensar en este momento.
Ixchelt Hernández
El planeta esta bien, la gente esta jodida.
Cuántos de nosotros no conocemos o tenemos cerca alguna de aquellas personas que se preocupan por todo, se preocupan por el agua, el aire, la tierra, alimentos transgénicos, cáncer, especies en peligro de extinción y, de las cosas más interesantes, se preocupa por el planeta. Pero hay que detenernos a pensar en estas preocupaciones, en especial en estas dos últimas, la preocupación por las especies en peligro de extinción y por el planeta.
Salvar especies en peligro de extinción. No es más que otro intento arrogante de los humanos de controlar la naturaleza. Y es que el problema no es la buena intención de salvar vidas, o como suelen llamarlo: salvar La Vida (así, con mayúscula), tampoco la intromisión con los procesos naturales, sino que existe esa idea de que los humanos son capaces, no solo de modificar y controlar, sino de salvar a la misma naturaleza, ¿no es eso un acto de gran arrogancia?
Pensemos en que las especies naturales que el humano ha conocido no llegan a abarcar, ni con gran esfuerzo, la totalidad de especies que han existido en el planeta. Todas aquellas especies con las el humano no tuvo contacto desaparecieron, están extintas, eso es lo que hace la naturaleza, son ciclos biológicos. El humano no interfirió para que esas especies desaparecieran.
Así podemos notar la importancia que nosotros mismos, como especie, nos damos dentro de los procesos naturales. Dejemos que los procesos de la naturaleza funcionen tranquilamente. Es mucha la importancia que nos damos. Ahora todos quieren salvar algo, salvar árboles, osos, ballenas, y, como hemos dicho antes, salvar el planeta. No nos basta con querer salvar especies en peligro de extinción, sino que ahora queremos ¡¡salvar el planeta!! ¿será esta la mayor arrogancia de todas, hablando de nuestro intromisión en la naturaleza?
Pero a esto solo podemos lanzar una pequeña pregunta: ¿Pretenden salvar el planeta, cuando ni siquiera hemos aprendido a cuidarnos los unos a los otros?
Y todas estas personas preocupadas por salvar el planeta ¿realmente están interesadas por el planeta? ¿O no será que, en el fondo, lo que les interesa es vivir en un lugar limpio para su comodidad? Les preocupa que en algún momento en el futuro se vayan a sentir personalmente incómodos por vivir en un lugar mal cuidado.
¿Y el planeta realmente necesita de nuestro cuidado? El planeta ha existido, según los descubrimientos científicos, por billones de años, ha padecido infinidad de cambios, ha pasado por cosas mucho peores que nosotros, terremotos, volcanes, placas tectónicas, flamas solares, manchas solares, tormentas magnéticas, reversiones magnéticas de los polos, bombardeo de cometas, meteoros, inundaciones, eras glaciales, ¿y nosotros creemos que unas bolsas de plástico y unas latas de aluminio harán la diferencia? El planeta a penas y se verá afectado por eso, si es que lo afecta. La industria pesada, considerada como el mayor contaminante ambiental, tendrá, por mucho, trescientos años, de los que el humano ha habitado el planeta. Realmente considero que no podemos comparar aquellos trescientos escasos años de industria pesada a los billones de años de afectaciones que ha tenido el planeta.
Así que pensemos una vez más aquello de salvar el mundo. ¿Realmente queremos salvar el mundo o solo queremos mantener las condiciones en las cuales nuestra existencia es posible, hablando biológicamente? Esto, obviamente, no esta pensado para que dejemos aún lado el cuidado del ambiente, sino para que observemos la arrogancia que el humano tiene respecto a su papel en el planeta. Dejemos de darnos tanta importancia en lo que se refiere a los procesos de la naturaleza y a la intervención que tenemos en ellos.
El planeta estará aún por mucho, bastante tiempo, nosotros, en cambio, solo estamos de paso, por un momento, quizá somos un accidente biológico, quizá solo somos una molestia superficial para el planeta, y como todo ser viviente que cuenta con un sistema de auto-defensa, se deshará de nosotros, terremotos, erupciones, tsunamis, enfermedades, virus, existen muchas formas en las que lo puede hacer.
El planeta esta bien, la gente es la que esta jodida. Al planeta le es indiferente las acciones que hagamos, los afectados directamente somos nosotros. Cuidar del planeta no es preocuparse por los árboles y el agua y la tierra, cuidar el planeta es cuidar las condiciones en las que podemos mantenernos estables como seres humanos. Y dejamos a consideración la pregunta: ¿Pretenden salvar el planeta, cuando ni siquiera hemos aprendido a cuidarnos los unos a los otros?
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