![]() |
| A-J-E-D-R-E-Z |
sábado, 16 de julio de 2016
viernes, 15 de julio de 2016
martes, 12 de julio de 2016
lunes, 11 de julio de 2016
sábado, 9 de julio de 2016
Cielo
Otra vez he tenido rechazo a dormir. La primera razón es porque he insistido en que dormir debería ser opcional. Sin embargo, ahora, cuando contemplo la oscuridad, intentando encontrar una razón interesante y no biológica de nuestro dormir, distintos momentos aparecen en mi pensar. Comienzo a querer no prestarles atención, pero luego pasan de ser imágenes a latidos, sensaciones y, finalmente, el paso peor: imaginación.
¿Cuántos segundos no he pensado en finales que deseo darle a nuestras despedidas, momentos en silencio, inquisiciones profundas o miradas que aún no sé qué impliquen? No pretendo hacerme el poeta, el profundo o algo así, siempre he creído que es sencillo comprender las palabras: el problema es que la gente no usa bien sus ojos, su entendimiento, su voz: su existencia. Con esto no implico que tengo la receta de la existencia: sólo estoy implicando que no comprenden las palabras, y luego sugerí distintas causas. Y su existencia, como corolario, carece de alguna raíz interesante.
En la oscuridad, puedo imaginar que juego con tu pelo, que retiro aquellos cabellos de tu frente, te doy un beso, observo tus ojos, tus labios, sonrío intentando ocultar los posibles nervios, y declaro que me alegro de que estés en mi vida. También puedo imaginar que por esta vez no quiero morir.
Quizá es la costumbre ancestral el querer ignorar los momentos, pero no he podido. Ya ni siquiera se trata de querer hacerlo: me gusta. El cielo sin luz me parece el techo adecuado para invitarte a sentir notas, pensamientos, y todo aquello que en ese momento estemos dispuestos a dar.
M. Téllez.
martes, 5 de julio de 2016
Huellas
Tengo grabados en la piel distintos momentos que me arrancan una sonrisa. Uno de ellos fue el hecho de ser más o menos ridículo -como parece que soy-, y que mis tonterías te causaban gracia. Recuerdo que fue en una mesa, rodeados, pensando en algo que hoy no me acuerdo qué era, y no tengo ganas de recordar. Contaré otro más.
El escenario estaba nublado por la oscuridad, la luz blanca se ausentaba y en su lugar aparecían pares de luces distintas, pero que no eran obstáculo para que la oscuridad gobernara. Supongo que me acerqué, y aunque nunca he sido bueno para los ritos, quise danzar contigo. Conforme avanzaba el ritual, los destellos de tu destreza, delicadeza y belleza, ya eran más que evidentes para mí. Entonces comprendí, y me advertí a mí mismo, los riesgos de creerse inocente en las danzas frente a quienes tienen virtudes que no había conocido. No me sentí avergonzado de mi inexperiencia, sino temeroso de perderme en pasos que desconozco, en lugares que no había imaginado: en sensaciones que me abrazarían hasta quitarme el aliento racional que tanto está en mí.
Las palabras son otro asunto. Hay risas y en cada paso dentro de ese paisaje impresionante, descubro nuevos caminos de las mentes. Y sé que es una oportunidad poder recorrer esos senderos.
Hemos pasado madrugadas juntos, como señalé entre bromas. Y aunque tus retos de tolerancia al sueño quisiera aceptarlos, sé que perdería, porque si gano: no me gustaría ganar, y porque horas después me causaría gracia tener que sentirme derrotado por mi cuerpo.
domingo, 3 de julio de 2016
Labios
No sé desde hace cuántas horas que la imaginación me orilla a construir hipótesis acerca de cómo será besarte en los labios.
Tampoco sé cuántas veces van que rememoro tus brazos rodeándome mientras flotábamos sobre el piso. Mucho menos recuerdo el número de intentos por comprender nuestros roces. Creo que hace tanto no me sentía así, sensible, perceptivo, con sonrisa de imbécil: más o menos dudando si esto es real, en serio y maravillosamente tangible.
Tengo miedo. No me causa temor sufrir, sino darme cuenta de que una vez más me equivoco. Ya antes viví la advertencia del profeta anunciando nuestro sufrimiento venidero y nunca perecedero: pero igual me valió madres, según parece. Y no me gusta equivocarme: menos sabiendo que mi actuación pasada era la correcta, es como preguntarse retórica y vulgarmente: ¿para qué carajo creíste? ¿Por qué te dejaste influir? Lloriqueo.
Pero veo tus instantáneas y me olvido de que quiero respuestas: sólo quisiera verte, otra vez sentir nuestros roces, hablar de nuestras profundas inquisiciones, soñar y más.
Quiero abrazarte, decirte que somos geniales, reírnos porque tenemos dudas, porque nos causa gracia y porque en el corazón creemos en algo.
No deseo decir más porque ésta vez no quiero delatarme. Igual me dan ganas de advertirme a mí mismo, y dejar aquí un vestigio de tal advertencia: sé que esto se puede caer a pedazos, que es un engaño, que interpreto las cosas según mi nublado juicio, y por ello puedo pagar caro. Ya lo sé. Igual quiero insistir poquito más en estar contigo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



