jueves, 31 de agosto de 2017

Reseña sobre "La organización estudiantil en la Universidad Autónoma de Querétaro (1958-2016). Entre las aulas y la política”




La organización estudiantil en la Universidad Autónoma de Querétaro (1958-2016) “Entre las aulas y la política”
KEVYN SIMON DELGADO Y DANIEL GUZMÁN CÁRDENAS
México, UAQ/Municipio de Querétaro, 2016, 284 pp.
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POR RAMSÉS JABÍN OVIEDO PÉREZ


Éste es un libro necesario y extraordinario. Al aparecer publicado este libro sobre la organización estudiantil de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) se avanza en el conocimiento y entendimiento de la historia de las organizaciones estudiantiles de México y América Latina. La obra de Simon Delgado y Guzmán Cárdenas fue publicada conjuntamente por el Municipio de Querétaro y la UAQ en diciembre de 2016 pero presentada al público hasta finales de marzo de 2017. La obra en comento pretende constituirse como una investigación de «divulgación». Esto no significa que la neutralidad histórica no tenga un aporte crítico frente a importantes hechos de la historia universitaria. El libro está compuesto en seis apartados en los que logran sintetizar una historia de la organización estudiantil, incorporando una base muy importante de 47 testimonios que participaron en el proceso de configuración de la Federación de Estudiantes desde 1958 hasta 2016. Por lo demás, el subtítulo de la obra indica un sintagma (“Entre las aulas y la política”) que resume la dialéctica del contexto estudiantil a través de su ámbito interno (el aula) y externo (la política). Explicaré cada capítulo con mayor detalle.


El apartado inicial “Los cincuenta: Autonomía y organización” explica uno de los ejes rectores de la organización estudiantil: la búsqueda de autonomía universitaria. Para ello, los autores buscan explicar el proceso de gestación, desarrollo y consecuencias del movimiento estudiantil que demandó la autonomía universitaria en 1958. Se trata de mostrar el contexto local en el que inició la huelga universitaria. Los apasionados encuentros y desencuentros tienen lugar con las actitudes asumidas por los grupos estudiantiles. Muchos universitarios del Comité de Huelga no hacían sino reivindicar la apertura de la universidad a una reelección rectoral, paridad de consejo, aumento de subsidio y autonomía. Jamás se menciona que la organización haya sido fácil o relajada. El atento seguimiento de los testimonios permite puntualizar paso a paso el proceso de obtención de la autonomía. En ese proceso, el gesto de la sociedad queretana ante la reivindicación estudiantil fue de solidaridad, lo mismo el apoyo otorgado por otros grupos con causa social en México. Las respuestas del gobierno estatal y federal, finalmente, resuelven en favor de las peticiones universitarias. Simon Delgado y Guzmán Cárdenas dan cuenta de la emoción que generó la conclusión de la huelga el 28 de enero de 1958 tras doce días de manifestación y discusiones. La entrada oficial de la autonomía universitaria entró en vigor el 5 de febrero del mismo año. Asimismo, se menciona la fecha de creación de la Federación Estudiantil Queretana (después llamada Federación de Estudiantes Universitarios de Querétaro). En ese sentido, se advierten las dificultades que tuvo la redacción de la Ley Orgánica. Los autores concluyen el apartado mencionando la aportación más importante de la huelga: la obtención de la autonomía.

El siguiente apartado “Los sesenta: Crecimiento y consolidación de la Federación de Estudiantes” atiende una de las décadas más trascedentes para los movimientos estudiantiles en México así como de varios sucesos que marcaron la historia de la UAQ. Tras una rápida contextualización del estado de Querétaro a principios de los sesenta, se encuentran descritas las experiencias de 4 presidentes de la FEUQ que clarifican la diversidad de pensamiento y acciones de cada uno. Inmediatamente después se advierte uno de los cambios que más han repercutido en la UAQ: la designación de Hugo Gutiérrez Vega como rector en 1966. Sin perder de vista el marco general de la FEUQ, los autores explican las líneas directrices del nuevo rectorado. Asimismo explican el proceso, desenlace y alcances que tuvo la toma del Patio Barroco. Se describen las condiciones socioculturales que enfrentó la universidad en un estado sumamente católico. El apartado permite ver las constantes recomposiciones que tuvo la FEUQ. De frente al año de 1968, los autores subrayan que cada estado de la república lo vivió de una manera particular. Sin embargo, su obra presenta un panorama general de la respuesta que dio la FEUQ y la juventud queretana ante los hechos del 2 de octubre. Hay un interesante seguimiento de las versiones periodísticas que se manejaron en Querétaro y que pueden demostrar, sin duda, la persistencia de las versiones oficiales. Este apartado considera también la singular visita de Luis Echeverría a la UAQ para arrancar su campaña presidencial (lo cual, da pie a los autores para informar las respuestas del estudiantado). Luego, hacen dos consideraciones en relación al contexto financiero de la UAQ a finales de los 60 y los efectos represivos de la matanza de Tlatelolco en el estudiantado queretano.

El apartado tercero “Los setenta: Las disputas por la representación estudiantil” da cuenta de un periodo convulso para las organizaciones estudiantiles. En él se pone de relieve el contexto nacional caracterizado por la modernización industrial en Querétaro así como por las continuas olas de represión pública. Los autores posicionan las posturas de la FEUQ con representantes que fueron sensibles al izquierdismo militante. Pero también encontramos a la FEUQ como pieza clave en la creación del Centro Universitario. En este sentido, se señala la participación estudiantil que hubo a principios de 1972 para el crecimiento institucional de la universidad. Igualmente, destaca en ese mismo año la primera manifestación de estudiantes en contra de los hechos el 2 de octubre. Se detalla la respuesta estatal. Sin desoír las gestiones de cada presidente de la Federación de Estudiantes, los autores dan seguimiento del proceso de la lucha estudiantil por el alza de precios en el transporte. Un conflicto donde la participación de la FEUQ se ve limitada. Tiene pleno interés el surgimiento del Consejo Estudiantil Democrático Universitario de Querétaro (CEDUQ) como una base estudiantil que buscó democratizar el sector estudiantil en la universidad. Este apartado sugiere los altibajos de confiabilidad que sufre de la FEUQ en medio de pugnas por el poder. En esto, se ofrecen detalles de la injerencia de grupos porriles [sic] en el contexto universitario de los setenta. Sobre las represiones que sufrió el líder de la CEDUQ se halla el testimonio del mismo. Esta es una época comprendida como la Guerra Sucia. Sin embargo, hay una respuesta estudiantil de solidaridad interuniversitaria. A medida que avanza el apartado, es posible ver las constantes reconstrucciones al interior de la FEUQ. A finales de esta década, como apuntan los autores, la FEUQ vive uno de sus peores momentos. Así, en este apartado, mirado en su conjunto, alcanzamos a ver un decenio repleto de encuentros y desencuentros entre diferentes organizaciones estudiantiles, mismos que van a continuar los primeros años de los ochenta.

El cuarto apartado “Los ochenta: Caminando hacia la calma” presenta un decenio cargado de altibajos en la organización estudiantil. Sin embargo, también contextualiza los cambios del gobierno federal y estatal (éste último despreocupado de las necesidades universitarias). Aquí se destaca a la lucha estudiantil de la Normal del Estado en mayo de 1980 como la lucha más importante de esa década. Los autores muestran el proceso de la huelga así como la represión que sufrieron los universitarios. Lo más preciado a este respecto es el acto de solidaridad del CEDUQ para con los normalistas. El lector puede notar que la movilización social suscitada por la Normal del Estado resiente el apoyo de la UAQ. Ante este contexto Simon Delgado y Gúzman Cárdenas apuntan el particular decaimiento de la CEDUQ. En otra línea de igual interés, se describe un conflicto grave que tuvo la FEUQ en su interior. Aparecen presidentes de la FEUQ con acciones que buscan redefinir el camino. En paralelo, se pone de relieve los cambios institucionales de la UAQ, época en la que comienza la democratización en la elección de rector y avanza el desarrollo del Centro Universitario.

El apartado quinto “Los noventa: Pluralización de la FEUQ” entra con el contexto federal del sexenio de Salinas de Gortari (1988-1994), el estatal con el gobierno de Enrique Burgos, y el local universitario con el impacto de la transición política nacional. Es notable la atención que hacen de las condiciones socioeconómicas de la universidad. La FEUQ inicia esa década con la visita de Salinas a la UAQ (un evento que la obra sólo refiere a partir del testimonio de un presidente de la FEUQ). Asimismo, se abordan los cambios paulatinos en las gestiones de la FEUQ. Bien vale mencionar que en esa década, además del polémico actuar de Salinas, las juventudes universitarias enfrentan 4 acontecimientos históricos: el levantamiento del EZLN y el asesinato de Luis Donaldo Colosio (ambos en 1994), junto a la última toma de camiones por parte de cientos de jóvenes universitarios por incumplimiento al descuento estudiantil, y la concentración universitaria en la explanada de rectoría para fijar postura por insuficiencia presupuestaria (ambas en 1997). Como en las páginas de todo el libro, este apartado aborda la cuestión de la simbiosis ideológica FEUQ-gobierno y FEUQ-rectoría. Así, deja leer las experiencias y rememoraciones de 4 presidentes de la FEUQ, lo mismo que el eco de parte de las facultades no federadas. Claramente, el capítulo permite avanzar en la tesis de que la FEUQ actúa como instancia de representación estudiantil que, indirecta o directamente, legitima o deslegitima un status quo universitario.

Al final, el último apartado “Del 2000 al presente: La búsqueda de una nueva identidad” pone en contexto tres ámbitos: el nacional, caracterizado por la entrada al nuevo milenio con el triunfo de Vicente Fox para el sexenio 2000-2006; en el ámbito estatal, a Ignacio Loyola Vera del PAN con la característica de una relación ríspida con las universidad públicas; y el universitario en el mismo año 2000, con la elección de la Mtra. Dolores Cabrera Muñoz como primer rectora de la UAQ (quien mantenía filiación priísta). De modo que la FEUQ inicia el milenio teniendo frente un bipartidismo. En este sentido, incluye el posicionamiento de 17 representantes estudiantiles. Este apartado también pone de relieve el resurgimiento de las movilizaciones estudiantiles las cuales, a partir de varias entrevistas realizadas, sacan a la luz las presiones que tuvo la FEUQ en momentos coyunturales (sobre todo, de cara a los problemas presupuestarios de 2002 y electoreros de 2006). Plantea la postura que mantuvo la FEUQ con el movimiento #Yosoy132, el cual impactó de muy diversas maneras la manera de pensar de los jóvenes mexicanos; y nos permite conocer la postura de la FEUQ ante la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa en 2014. Al apartado finaliza con una breve reflexión que cuestiona la existencia de una sola organización estudiantil en medio de una institución educativa donde se supone la pluralidad de ideas. Con gran acierto, se cuestiona la situación actual de FEUQ. Los autores afirman que en los últimos años en la universidad se han organizado diversos grupos distintos de la FEUQ que apoyan causas sociales y universitarias. Dicha reflexión también considera los cambios y matices que ha habido en la relación gobierno-federación, así como la tendencia de haber un 50% de ex-líderes universitarios haciendo «carrera política» y otro 50% dedicados a su carrera profesional (a excepción de dos, que llegaron a ser rectores). En torno a la autonomía universitaria, los autores admiten que ha sido agredida pero retoman la idea del alcance social e institucional de la defensa por la educación pública y autónoma.

Así, después de la lectura de las páginas de este volumen se puede comprobar un constante diálogo con universitarios que forjaron la imagen de la FEUQ y de la universidad, y que se ve apoyado de diversas fotografías de algunos acontecimientos. Es por ello que durante mi lectura de la obra me venía a la mente una pregunta, de soslayo en tono de reivindicación, por la praxis educativa de hoy día: ¿Es acaso la obra de Simon Delgado y Gúzman Cárdenas una obra para repensar no sólo la FEUQ sino toda la participación estudiantil en su conjunto? Mi respuesta es que la obra en comento tiene cualidades extraordinarias que la hacen única, porque, por un lado, tiene un pleno dominio de las fuentes documentales a disposición actual así como de un soporte testimonial que le confiere mayor interés; y por otro, porque no se había presentado una investigación semejante que proporcionara la perspectiva de los propios líderes estudiantiles ante cuestiones muy precisas. Por ello, este libro también recupera la voz de los presidentes de la FEUQ involucrados en el devenir sociopolítico de la UAQ. Esto no supone un silenciamiento de otras voces igualmente relacionadas con la FEUQ, que pudieran contribuir al análisis de la Federación estudiantil. Al final, los testimonios que se consignan en la obra ayudan a comprender los actos y omisiones de la FEUQ en la historia de la UAQ y el estado soberano de Querétaro.

La descripción anterior sólo me permite recomendar amplísimamente la lectura del libro. Sobra decir que este libro servirá no sólo para los historiadores de los movimientos estudiantiles en América Latina, sino también, y sobre todo, para los propios universitarios que buscan conocer más acerca de su universidad. La exposición de esta obra puede sensibilizar la conciencia histórica de actuales generaciones de estudiantes; y ofrecer las perspectivas de los representantes de la Federación de Estudiantes de Querétaro frente a hechos y procesos que protagonizaron el desarrollo y configuración de su institución universitaria. Con su esfuerzo historiográfico, los autores dan luz de las transformaciones y anhelos de la organización estudiantil al interior de la vida universitaria. Así surge la posibilidad de ver el panorama general donde se accionaron las relaciones entre representantes estudiantiles con rectores, gobernadores, representados y también –por qué no– con la sociedad civil.

En síntesis, Simon Delgado y Guzmán Cárdenas plantean de una manera clara y documentada un acercamiento a detalles de la historia interna de la Universidad Autónoma de Querétaro que no habían sido comunicados en forma divulgativa. En ese sentido, dejan un valiosísimo precedente en la estela de las pocas investigaciones sobre la organización de los estudiantes en México y movimientos estudiantiles en América Latina. Tenemos, pues, un libro para no olvidar lo importante que son los estudiantes en la legitimación crítica de la universidad pública. Por ello, sin duda, estamos ante un libro necesario y extraordinario que justamente debe ser leído en estos tiempos difíciles para la educación pública superior.

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