martes, 20 de octubre de 2015

Amiga

Hay situaciones donde las palabras no tienen cabida. He pensado qué decir, aunque todo esfuerzo me resulta poco. 
No dobles tu alma, amiga. Permite que las lágrimas salgan hasta donde creas que es debido, sé que tú sabrás hasta dónde es esa línea. No sé si haya buenas razones para creerse fuerte, en todo caso, hay que serlo. Sé que tú puedes serlo. Deja que los pensamientos lleguen según las representaciones, sólo ten presente que lo estás permitiendo. 
Según los estoicos, sólo podemos perturbarnos por el presente y el futuro, no por el pasado. ¿Por qué no por el pasado? Porque, según ellos, no existe. En cambio, el presente lo estamos experimentando, y aunque de alguna manera el futuro tampoco existe, hay probabilidad de que se dé; en cambio, el pasado ya nunca volverá. Atiende hoy tus latidos, las miradas que puedas ver. Sólo ten cuidado. Otro consejo estoico es que hay actitudes torpes y hábiles. Un ejemplo es la compasión. Hay dos tipos de compasión, según los estoicos. A una hay que llamarla compasión y a la otra "compasión". "Compasión" es afectarse por el sufrimiento del otro, pero quedarse afectado a tal grado que no hacemos nada, sufrimos con esa persona nada más. Compasión, en cambio, es ser afectado por el otro pero saber cómo actuar. "Compasión" es una disposición torpe y compasión es una disposición hábil. 
Aunque escriba, pienso que lo mío es una "compasión", pues sinceramente no sé si soy hábil y si estoy sabiendo cómo actuar. Que mi pluma dibuje palabras es lo que últimamente sé que puedo hacer bien -o eso creo-, por eso te dedico estas líneas. 
Tal vez alguien pueda calificar de frases de cereal lo que diré o lo que estoy diciendo pero no importa. Lo hago de corazón: tienes mi apoyo, el apoyo de más, nuestras sonrisas y nuestra presencia; aunque no siempre podamos estar. Admiro tu dedicación, pues aunque pueda pasar desapercibida, eres mejor que todos nosotros. De esto infiero que podrás calmar de alguna manera lo que acontece -o pueda acontecer-, especialmente contigo misma. 
Dice una canción: Me crezco ante el peligro, sé que cambiarán las cosas. Sería buena idea que de alguna manera puedas crecerte. 
Recibe un abrazo mío. Ánimo. 

M. Téllez.

jueves, 15 de octubre de 2015

Siempre se irán

Sé de alguien que aún no ha perdonado -llamaré a este alguien 'S' y se entenderá que pretendo abarcar a personas que participen de tales características-. También sé que aún se ofende. En aquella noche fui honesto y sólo entendí que ella no está para entender la sinceridad. Yo no estoy para esperar que entiendan; especialmente si se trata de una amistad. Qué pereza.
Ya no había pensado en esto, por lo mismo de mi pereza. Hoy me dije "siempre se irán". Es interesante ver como los cuerpos y mentes débiles se consuelan con sus semejantes -o sea, con otros débiles-. Sí, sí quiero implicar que mi cuerpo y mi mente no es débil. Aunque, merece la pena hacer una distinción -que cualquiera puede decir me saqué de la manga-. Hay dos tipos de debilidades en las que estoy pensando: 1) debilidad ignorada y 2) debilidad aceptada. En el caso de 1, el agente en cuestión no sabe que es débil y pregona cosas que hará, y enseguida se le verá lloriqueando. Podrá sugerir que se emociona por algo, después dirá que está cansado. En cambio, 2 sabe que es débil, lo ha aceptado, además, conoce que está entre el lloriquear o el hacer, 2 prefiere lo último. En efecto, dado que 2 es débil en cierto sentido, claro que hay lloriqueos repentinos, aunque recuerda aquella línea entre lloriquear/hacer y regresa a la senda que lo distingue de 1. 
Dada la explicación y los matices adecuados, S es de mente débil; por lo tanto, se consuela con sus semejantes. Aquellos de mente débil, cierto espectro de los de mente débil, son del caso 1. Y lo que debo señalar ahora, es que S nunca se consolará con alguien del caso 2. O tal vez sí, aunque los hechos que describo, nos dicen que no. Puede ser que en este particular caso -por el que estoy nombrando al alguien como S- se deba a que no perdona y aún se ofende. El caso de 1, no se ofende ni perdona puesto que sólo se la pasa lloriqueando: se siente la víctima del universo, el novato, el troleado y el que aún puede aprender. Hay cosas que si no se aprenden en determinado momento, sólo nos harán seguir lloriqueando, una de esas cosas es entender la diferencia entre el caso 1 y 2, así como la división que es capaz de comprender 2 -y que quién sabe si vea 1, pero dado que es 1, entonces es que no la ve-. 
Estoy seguro que se seguirá yendo. La ventaja de S de estar con el caso 1, es que hallará consuelo con sus semejantes, no habrá reproches ni se sentirá herido por alguna palabra, ¿qué puede decir 1 que no sea un lloriqueo? A lo mejor una palabra de ánimo o de alegría, en el fondo es lloriqueo. Siempre se irán las S. A menos que quieran enfrentar su ignorancia y su debilidad compartida, las cosas para ellos seguirán en su tono. Tonos que objetivamente sólo tienen una función: notar en donde no caer. 

M. Téllez. 

Tres años

¿Cómo es que en tres años una persona no cambie? Me pregunté hoy. Ya es tarde y aunque la cuestión estuvo un buen lapso en mi mente, no sé cómo es eso posible. Ahora bien, ¿cómo es que alguien sensato esté con alguien que no cambia? ¿No se supone que nos gusta el crecimiento? ¿Y dónde queda esa coherencia? Iba a escribir que no la hay pero no estoy seguro de eso.
Hay cosas que se parecen mucho a tener novia. Sí, tener novia, así llanamente. Digo que se parecen porque tienes que modificar horarios, dejar de hacer algunas cosas -aunque digan que no-, prestar atención a cosas porque si no la pareja lloriquea, en una sola palabra, hay más preocupaciones y responsabilidades. Diré que son preocupaciones y responsabilidades sin sentido: es una prueba más de que queremos hacer nuestro algo que no depende de nosotros y por ello es que sufrimos. Pero lo hacemos y lo seguiremos haciendo; al menos es bueno darse cuenta. 
Parece que tú no te percatas. Andas como aquel que prefiere tener a quién abrazar porque tiene miedo de no abrazar nada. Qué fortaleza la tuya para seguir escuchando los mismos cacareos de hace tres años. Si es que a eso se le puede llamar fortaleza. No quiero implicar nada con esto, sólo pretendo señalar mi intriga causada por la primer pregunta de estas líneas y mi angustia de que no te percates y sigas haciendo ahí en donde yo digo que no deberías. Esto suena muy a autoridad, aunque ya no tiene caso hacernos tontos: nadie es como yo. Y esto no es una verdad genérica, con nadie más se contempla un cielo teñido de inmensidad y de rencor a la vez, un suelo de confort y dolor al mismo tiempo, un aire fresco y pesado al respirar, líquidos que son sabor, placer y belleza acompañados de palabras. La angustia reside en que teniendo este escenario, vayas con los básicos. Tal vez deba escuchar, aunque no dirás ni yo tengo necesidad de saber; los hechos ahí están. 

M. Téllez. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

No nos interesa

Hoy vi una publicación en mi timeline de fb acerca de cómo educar a un niño. La publicación decía -básicamente- que no tienes que consentir al niño -y hablo también de niñas-, que debe entristecerse porque cuando crezca, verá que el mundo no es perfecto -de esta manera estará preparado para el porvenir-. 
Usé esa terminología porque es la acostumbrada en esas notas. Escribo esto porque quiero decir que a nosotros no nos interesa que no sepan educar a un niño -al menos a mí no me interesa, supongo que otros menos-. 
Me estoy tomando la molestia de gastar palabras para algo así. Los argumentos que tengo en mente para sostener esa indiferencia son varios -no muchos-. Primero, las madres -y quien publicó eso tiene mi edad, o sea 22 años (o tal vez 23)- ya tienen una idea vaga de cómo educar. Creo que todos tenemos una idea vaga y no necesariamente nos interesa crear hijos -aún no entiendo a quién se le ocurre tener más de dos hijos o tener hijos (especialmente hoy día)-. Con esta idea vaga, cuando alguien aconseja algo, la madre -puede ser el caso- que no atienda tal sugerencia por su idea vaga. Si yo le hubiera escrito a esta chica diciéndole: no mimes a tu hijo, los niños son como animales. Lo más probable es que hubiera defendido un rango especial de su hijo en contraposición con los animales. Esto demuestra que 1) mi argumento es correcto y que 2) esa chica no ha leído lo suficiente o no se ha cuestionado lo suficiente para entender que nuestra vida no tiene nada de especial frente a la de otras especies. Lo que digo se discute, aunque estoy seguro que decir lo contrario es sólo engañarse. 
El anterior creo que es el argumento más fuerte que tengo. Digo que es fuerte porque implica varias cosas: si es el caso que defiende su idea vaga frente a sugerencias, entonces su disposición a actuar es igual. Y con esto, quiero decir que incluso aunque acepte la sugerencia, en el ámbito de la acción estará acostumbrada a su idea vaga y luego no hará la sugerencia. Este argumento se extiende a otros ámbitos, no sólo respecto a la educación de hijos. Se requiere de disciplina para cambiar nuestras acciones efecto de nuestras ideas vagas. Y siendo sinceros, pocos se toman en serio esa disciplina: es más fácil ser como somos; ni siquiera es fácil, sólo lo hacemos. 
Mi otro argumento ocupa una discusión más amplia. Creo que hay sitios para aprender o tener sugerencias de cómo educar a hijos y no necesariamente están a la hora de compartir una publicación o de leerla. Estoy seguro que hay talleres de padres, artículos científicos -donde se hable de los niños y de ahí deducir métodos- o platicarlo con alguien -con quién es una buena pregunta, aunque no creo que tan difícil-; haciéndolo en serio. Si es el caso que quieren educar bien a sus hijos, entonces harían lo que señalé. Vemos que no hacen lo que señalé -no compartirían cosas extrañas-, ustedes saben lo que sigue.
Podemos concluir dos cosas de esto que acabo de decir: 1) no se toman en serio la educación de sus hijos y 2) no hacen el mínimo esfuerzo para ACEPTAR las sugerencias que reciben. Finalmente, a nosotros no nos interesa que ignoren estas conclusiones, tampoco nos importa que al ignorarlas, no sepan cómo educar a sus hijos. Claro que es fácil criticar, y es posible que si yo tuviera un hijo, tal vez tendría problemas. Sin embargo, si señalé argumentos y consejos, es porque los conozco, no hacerlos sería irracional de mi parte. Además, creo que al ignorar que los niños son como animales -incluso en la adolescencia y hay quienes en la etapa adulta- están ignorando demasiado. Estoy muy seguro que si entendiéramos que nuestra vida no es especial frente a otras especies y que contamos con ciertos recursos que los animales no, podrían resolver sus dificultades de manera más sencilla. Aunque no olvidemos que tenemos ideas vagas; parece que una de ellas es creer que somos especiales. 

M. Téllez. 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Recuperarse

Supongamos que ya no despiertas. ¿Qué sentiré? Tú ya no vas a existir, eso es claro. Pero, yo que seguiré vivo, ¿me debilitaré? Realmente no lo sé. ¿Quérran decir algo tus presentimientos? Tampoco lo sé. 
No sugiero que tu ausencia total sea un buen experimento para saber ahora qué tanto puedo sentir por alguien, especialmente por alguien que me influyó en lo que hago y en lo que soy hoy día. Aunque si lo pienso, no hay duda de que será un examen para mí. Y no sé qué pasará. Apenas leí que cuando se nos presenta alguna situación externa que nos afecta, reaccionamos de tal manera que se refleja en lenguaje corporal -sin que queramos, a veces-, y también a nivel de juicio. Lo cierto es que, según esa tradición, deberíamos controlar lo corporal, una vez esto, los juicios estarán disipados y no nos perturbaremos. Lo que quiero decir es que si no despiertas y me entero, creo que seguiré en ese plano de sólo convertir estados corporales y juicios, jamás en controlar; creo que eso es algo imposible. 
Si no abres más los ojos, sentiré envidia. Tendrás algo que yo no: la no existencia. Creo que ni siquiera tiene sentido decir que tendrás algo a causa de que ya no vivirías. O no lo sé. No quiero pensar(lo). 
Si tu cuerpo perece, ya no tendré a quién escribirle. Lo que hago aquí es narrar, pensar en anécdotas o casos hipotéticos y plasmarlos como pueda o como quiera. Cuando te escribo descansa mi pluma, dejo de sentir ese peso que experimenta el autor a causa de sus palabras; vacilo, me puedo equivocar y bromeo. Intento ser gentil aunque la tristeza y lo detestable de vivir en ciudad me recuerda que no tiene caso fingir. Hace un rato, mientras creía meditar debajo del agua, creí entender que aunque se hagan cosas, el dolor -para ser general- sigue y seguirá ahí. Algunos compran libros y se sienten contentos, pero qué triste debe ser tenerlos y saber que jamás podrás leerlos todos ni mucho menos comprender todo lo que hay en ellos. Otros compran otros objetos, y lo mismo pasa: qué cruel saber que un día perecerán esas cosas, o ellos antes que las cosas. Y así con todo lo que hacemos. Alguien en contra de esto, dirá que al menos sentimos algo o hacemos algo y que ahí radica lo importante. Estoy de acuerdo con eso, mi pregunta -a causa de mi inquietud- es: ¿con qué poco nos conformamos, no? Y no es cuestión de querer o hacer, es que no podemos más. La finitud nos mira diario a la cara y muchos no lo ven. 
Doy este rodeo, porque como dije, reposo de alguna manera cuando te escribo. Si ya no respiras, mi pluma tampoco va a respirar a gusto. No quiero decir que deseo que despiertes, eso te lo deseé. Disfruta tu sueño. 
Si sigues al amanecer, halla algo. Si falleces, no sé si halle siquiera algo. 

M. Téllez. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Caras

Conozco muy bien el asco que producen las personas que no saben hablar y sólo demuestran su molestia con el rostro. Claro que es asco, también repudio. ¿Cómo es posible que siendo animales humanos, recurramos a hacer muecas para representar nuestros disgustos? Todos entendemos que los movimientos corporales son inevitables, y eso no es algo contra lo que vayan mis palabras. Estoy en contra -porque conozco muy bien el asco- de que no sean capaces de hablar. Incluso aunque no mencionara esa sensación, si entendemos que contamos con la palabra para expresarnos, es irracional no hablar para comunicarnos. 
Desde la infancia viví entre caras. Me seguirá sorprendiendo que las personas no se den cuenta que son similares a sus progenitores. Nos parecemos tanto físicamente, como 'mentalmente', para usar el lenguaje coloquial. ¿Y por qué digo esto? Porque hay personas que recurren al carastismo -vamos a llamarlo así- y es el caso que según ellos, detestan esa actitud. No ven que -por poner un escenario específico- si a caso su padre también sufre de carastismo es probable que ellos sean así y, a pesar a de ello, creen que no lo son. No se han mirado lo suficiente. 
El hecho de estar aquí es ya detestable, aunque haya cosas que nos pongan contentos. Toparse y TENER que vivir con personas que sufren de carastismo, es terrible. Estoy seguro que es muy poca la gente la que se toma en serio sus actitudes -me refiero a cómo se comporta-. Son como una máquina que tienen tales características y ya nunca tendrá actualizaciones, salvo las que puedan venir por el cansancio, pero incluso los metales se oxidan y se vuelven moldeables con el tiempo. No difieren en nada de esos metales. En cambio -pocos, seguramente-, son como máquinas que entienden que se pueden modificar a sí mismas, que esta tarea no es fácil dado el material que ya tienen -llámenlo genes, si quieren-, sin embargo, HACEN para conseguir un resultado. Y lo anterior no es por coacción o por algún vínculo con esa idea de 'cambiar para alguien'. Si somos lo suficientemente razonables, entenderemos que hay actitudes nuestras que dañan a otros, y que -insisto- dado el hecho del detestabilismo vivencial -llamémoslo así, ya que estamos inventando cosas-, no hay buenas razones para hacerlo más detestable. Y no sólo para los que nos rodean de manera cercana y lejana, también para nosotros. No tenemos porqué olvidar que en muchas situaciones el problema somos nosotros. 

M. Téllez. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Tanto tú

Los motivos por los que huí son claros: no puedo estar con alguien que nunca cambiará. Entiendo que probablemente no somos autoridad moral para hacer que alguien cambie, aunque el escenario es distinto, en un sueño, proyecto o lo que sea, si ya se es underground de por sí, errar lo hace todavía más inútil: no llena y sólo produce malestar. Creer que no es así sólo por uno o dos razonables, es aceptar migajas.
Debemos ver, escuchar y atender para criticar. Si quieres destruir una teoría, lo mejor es estudiar esa teoría para saber de dónde cojea. Escuché y confirmo que eres tanta voz para poca imaginación de otros. Sé que eres tantas ideas para reducidos cerebros no trabajados. No pretendo decir otra cosa que no sea que eres tanto tú. 
Sabemos que somos distintos, y que la diferencia no es la común: tenemos matices. Esos matices ya hasta son públicos, hay un comercial donde se habla del 1% de personas distintas. Claro que todos se sienten diferentes, y es que sentir cualquiera puede. En cambio, hacer no todos pueden. E insisto, esto no es una exclusión, simplemente hay a quienes no les interesa saberse mortales, ínfimos o distinguir entre abandonarse a una existencia desabrida y procurar darse razones para las horas que nos miran a la cara cada día, semana, mes y años. 
Tanto tú en un ambiente de básicos si bien no me angustia, sí me hace pensar que sería mejor que estuvieras en otro sitio. No quiero decir que ese sitio sea conmigo, aunque desde hace años ese era un plan. Falta una conexión ya no sólo de palabras ni de especulaciones que llevamos a la práctica. Hacer. 

M. Téllez.