Su amor
El timeline de mi facebook se tapiza de frases de cereal respecto al 'amor'. También de gente que cree que compartiendo imágenes respecto a lo que suponen que es la Política está dando suficientes razones para creer algo. Ambos temas me intrigan, el primero no en sí mismo sino en relación de sus agentes, el segundo sí en sí mismo y también en relación con sus gentes -qué raro sería pensarlo sin agentes-.
Hay varias cosas que son interesantes en ese tema del amor. Antes que olvide hablar de una cuestión específica, lo abordo ahora. El ser del hombre se pone en tela de juicio por cómo eres con las mujeres -esto porque he visto más imágenes y frases en términos de heterosexuales, hombre con mujer-. Es curioso que haya frases con imagen que afirmen que si le rompes el corazón -metafóricamente, claro- o tratas mal a una mujer, no eres un hombre. Claro que esta gente no sabe lo que dice, si supiera, no diría tales cosas. El ser del hombre, cuando se demarca o se utiliza algún concepto para dotar al hombre de esa cosa que lo hace ser hombre, regularmente se mantiene a pesar de lo que éste haga. Es una discusión. Romperle el corazón a alguien no es cuestión de justicia. Ya señala bien el Dr. Muñoz Oliveira, que si esto fuera asunto de justicia, tendría que existir la policía del amor -qué terrible sería-. Digo que sería terrible porque imaginen -sea caso de mujer o de hombre- que ustedes son el manjar de otra persona y ésta se los quiere comer con violencia de amor, si es el caso que ustedes se niegan, sin duda le romperían el corazón: entonces la policía del amor los arresta. En fin, dejándonos de sitios hipotéticos -y que ojalá nunca existan-, es demasiado dudoso que el ser del hombre se decida por cómo tratas a una mujer que sea tu pareja -o como sea según la preferencia-. Para dejar claro mi punto y lo que tengo en mente: incluso Hitler seguía siendo hombre -y estoy pensando en el concepto de dignidad humana, poseer dignidad- a pesar de los millones de judíos que fueron asesinados por causa suya. Insisto, es una discusión. Pero también agrego que en estos años la balanza del esgrima intelectual se inclina hacia el lado que dice que nunca dejamos de ser hombres.
Otro punto que llama la atención es la primordialidad que le dan a ese tema del amor. En este caso, procederé con preguntas. ¿A caso es necesario tener a alguien? ¿Qué finalidad tiene estar pendiente de si alguien me gusta y de si le hablo y demás cuestiones? ¿Para qué nos sirve creer que amamos a alguien? El concepto que viene a colación, es la felicidad. Cuando veo que mis contactos de facebook suben fotos con sus parejas, sin duda sale la frase 'tú me haces feliz', 'soy el hombre más feliz del mundo', 'contigo soy feliz' y cosas así. Me causa mucha risa la segunda frase, pero eso no importa. Sé que definir la felicidad y la importancia que le damos a las cosas es una tarea dificilísima. Y demarcar gustos no es algo que quisiera hacer. Lo que sí señalaría, es que esa gente que nunca para de estar hablando de esas cuestiones debería pensarse exactamente así: como esa persona que no ve otra cosa más que una cosa. A estas alturas está por demás decir que nos determinamos. Tan está de más que la gente no lo ve.
Muchas veces me sorprende lo frágil que somos. Incluso las personas que merecen nuestro desprecio por sus crímenes son frágiles. Somos tan endebles, una mujer nos puede derrumbar el ego. Pero, ¿qué pasa si esas cuestiones son tan efímeras? No valen tanto, entonces. Esto no implica una renuncia, implica poner esfuerzos en que nos debemos determinar de alguna manera que vaya acorde con otras finalidades -que tal vez no son efímeras-. Eso sería la mejor receta. Pero en la acción no todos se determinan con recetas. Esa gente que se desvanece en asuntos efímeros pienso que están lejos. Y es probable que yo también esté lejos para ellos. Ambos polos deberíamos pensarnos determinados: ellos por algo efímero, nosotros por algo que funciona por nosotros y es independiente de otros -que necesita de otros pero no directamente, sin esas personas que critico evidentemente no tendría de qué escribir-.
M. Téllez.
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