miércoles, 23 de noviembre de 2016

Seguridad

Me gustaría estar seguro de que no te pasará algo malo cuando nos despedimos. Me gustaría que esta ciudad, y el Estado de México -supongo que lo mismo sería para otros estados-, fuera lo suficientemente segura para no sentir esa especie de duda por tu bienestar.
 Sí, es probable que para algunos esté exagerando. Pero, el caso es que esto es consecuencia de lo que importas para mí. No creo que tenga que ver con ser una especie de madre/padre protectora, es tan llano y simple: sólo quiero que estés bien. 
 Nunca es fácil señalar un rasgo importante cuando amas a alguien y que no caiga en la visión de ser ridículo o cursi. Se quiere exponer algo concreto donde parece que todo está manchado por un sentimiento que no permite cosas serias. Y yo estoy contra ese tipo de creencias: sé que hay gente sensata que lo logra, y que lo que expresan, tanto es concreto, serio, como también con matices de amor. 
 Es una obviedad decir que no podré cuidarte siempre: tengo que dormir, ir al baño, quizá cuidar a mi madre cuando esté enferma, qué sé yo, muchos escenarios donde no se cumpla eso. Sin embargo, mientras esté en mis manos y en mis recursos humanos, vas a sentir efectos de mis cuidados. 

M. Téllez.

Leer no te hace razonable

El título de esta entrada es una obviedad. Sin embargo, como ocurre con muchas de las obviedades, no las tomamos en serio. Y en este caso, los lectores son quienes no la toman en cuenta.
 Recuerdo un caso que el filósofo mexicano, L.M. Oliveira, nos puso en una de sus clases de Ética en la FFyL. Yo iba en segundo semestre. Discutíamos el utilitarismo de S. Mill. Veíamos la onda de Mill cuando hace una especie de división entre placeres altos y bajos -ahora no recuerdo el apellido exacto de los placeres, pero es la idea-. 
 La pregunta era más o menos: ¿ustedes creen que esos placeres altos sean realmente los correctos y no los bajos? Imaginen que una persona va a escuchar en un escenario caro una orquesta interpretando alguna pieza clásica, pero esa persona es pedante, irrazonable, etc. Ahora imaginen a un padre que no conoce nada de música clásica, pero que lleva a su hijo a un estadio de futbol porque el sueño del niño es ver a sus ídolos, ¿esto es menos correcto -por el asunto de placeres- que aquel que va a la ópera?
 Pienso que como este caso, se dan un montón. Y esto es una obviedad, también. Muchos creen hoy día que leer es una especie de trabajo elevado, hecho para personas cultas -que quién sabe qué sea eso-, para racionales y que no se dejan manipular por otros medios de comunicación. Esto es falso.
 Es falso porque de nada te sirve leer -no me importa si es a Coehlo o cuestiones de física cuántica, filosofía política, o al Marqués de Sade- y ser irrazonable. Aquí estoy dando por supuesta una tesis que, como lo veo, también dan por supuesta esos que describí líneas arriba -los cultos-: que leer te hace conocedor, y parece que si eres conocedor, entonces tomas elecciones correctas, no eres un lego.
 Mi queja tiene como base casos empíricos que tú has visto, seguramente. ¿Cuándo no hemos visto a los que van leyendo en el metro y cuando es ocasión para que ceden su asiento a quienes lo ocupan, no lo hacen? Pienso que ceder el asiento es de las acciones poca demandantes que podemos hacer. Ya sé que como estudiantes vamos cansados y que también tenemos trabajo de medio tiempo, que nos desvelamos por estar viendo nada en facebook y por ello no dormimos bien, etc. Pero es una de las pocas acciones demandantes de corrección moral que podemos hacer.
 El otro caso que causa demasiada extrañeza es cuando el metro se encuentra saturado de personas -cosa rara- y tenemos al lector de tiempo completo, poniéndonos el libro en la cara. No es exageración imaginar que una hoja nos corte una mejilla. Apenas vi un caso de esto, el joven iba leyendo "El legado de Homero", y frente a él, otro joven no sabía dónde acomodar su rostro para, si de por sí ya se está apretado en el metro, no sufrir más por un libro.
 Leer no nos hace razonables, en caso contrario, sabríamos cuándo guardar el libro. Finalmente, parece que se idolatra más el cuerpo del libro que de lo de él podamos sacar provecho. No pretendo ser un purista de la lectura y señalar cuáles libros son los buenos, porque no tengo licencias para hacer eso -y quién sabe quién las tenga-. Pero, si vamos a comprar el paquete de 'leer te hace culto', deberíamos, al menos, pensar qué nos está aportando lo que procesamos. 

M. Téllez.
-Y es que, qué flojera inaugura tu corazón,
qué flojera inaugurar caparazón.
[...]
T.

martes, 22 de noviembre de 2016

Quería ser músico pero ...

"Quería ser músico pero no tengo la habilidad de tocar la guitarra y mantener el equilibrio en el camión al mismo tiempo."



Hoy es 22 de noviembre y se celebra el Día de Santa Cecilia quien es reconocida como la patrona de los músicos por lo que también hoy se celebra el Día del Músico. Es por eso que me gustaría hablar sobre la profesión y labor de todos los músicos.

Como algunos sabrán una gran parte de mi vida está dedicada a la música, por eso en este día quiero hablar sobre algunas experiencias a las que me ha llevado la música y qué es lo que me han hecho pensar sobre el papel que tiene el músico hoy en día.

Quisiera comenzar diciendo que mi experiencia como músico profesional es muy corta, será de a penas dos años, sin embargo en este breve tiempo he notado que el papel del músico es sumamente importante para la sociedad. Recuerdo que cuando estaba estudiando música la vida profesional del músico se me  aparecía demasiado bella, era pensar que estaba estudiando algo que me gustaba, que después podría ejercerlo como profesión o como una forma más de mi vida, que podría ofrecer algo que la gente buscaba en la música, ya sea escuchar, aprender, encontrar en refugio emocional y, además de eso, poder encontrar un ingreso económico.

Sin embargo cuando terminé mis estudios musicales no todo fue tan bello. Cuando sales de la escuela (y creo que esto sucede en cualquier carrera y profesión) te das cuenta que tu única labor era aprender, ser responsable con tareas, trabajos y ya, nunca te dicen que existe un gran mercado al cual te debes integrar por medio de la competencia, y en el caso del músico la competencia pocas veces tiene que ver con la musicalidad y el talento.

De las primeras cosas que recuerdo es que para poder tener un espacio en el marco profesional de la música tenías que estar 'bien posicionado', en otras palabras, tener alguno que otro recurso que te ayudara a ser reconocido ante otros músicos, ya sea el nombre de tu profesor, el de tu escuela, el número de los discos que has grabado, gente con quien has colaborado, etc, etc. Pero resulta que yo no contaba con ninguna de estas cosas que fuera suficiente para poder tener un espacio en el marco profesional de la música. Podría presentar mis credenciales, decir el nombre de mi maestro y de mi escuela, pero después venía la parte incómoda con preguntas como: ¿Y cuántas veces has grabado? ¿Con quién has tocado? ¿Dónde te has presentado?

Obviamente carecía de muchísima experiencia en escenarios, en estudios de grabación, en colaboraciones y los escenarios en los que había tocado no cumplían muchas expectativas, en otras palabras, aún estaba muy inmaduro para poder incorporarme a un ámbito profesional de la música. Esto me llevo a buscar proyectos donde pudiera incorporarme e ir ganando experiencia, en esta búsqueda es cuando me enfrenté a lo que es, para muchos, el primer paso de la profesionalización de un músico, que es tocar a cambio de nada.

Y es justo este tema el que quiero detenerme a analizar porque, como una vez lo noté, puede que no tenga experiencia y me encuentre en un proceso de formación, pero ¿en realidad el papel de un músico es tan distinto de cualquier otra profesión para que su proceso de formación sea tan intrincado?

Una de las primeras cosas que noté al adentrarme en este proceso era que pocas veces el trabajo de un músico será reconocido por aquellas personas externas a la música e incluso, algunas veces, por sus propios colegas.

Muchas veces te das cuenta que al estar frente a un escenario, que no sea el de tu escuela donde tus familiares y amigos te van a ver, te pone en situaciones incómodas y muchas veces no sabes ni siquiera cómo enfrentar esta situación, y no me refiero a que puedas tocar o no, ya que eso lo debes hacer de una u otra forma, a lo que me refiero es que muchas veces no sabes qué proceso se necesita para estar frente a un escenario donde las personas se reúnen para ver tu trabajo y que, además de eso, lo respeten y te paguen, porque, a fin de cuentas, el tocar frente a un público es tu trabajo y, como cualquier trabajo, debe ser respetado y bien pagado.

Entonces, ya cuando estaba dando aquellos 'primeros pasos' en el mundo profesional de la música me encontraba en situaciones a las cuales no sabía cómo enfrentarlas, no por cuestiones musicales, que es un tema aparte, sino por aquellas situaciones que nunca había pensado al estar inmerso en el mundo musical. Algunas de ellas eran: ¿Cómo puedo tocar en 'x' escenario?, ¿Con quién voy a tocar?, ¿Cómo puedo hacer que la gente me contrate?¿Me van a pagar?, ¿Debo cobrar?, ¿Cuánto cobro?, ¿Por qué la gente pide ese repertorio?

Te encuentras en una situación donde la música queda en segundo plano, al momento de estar en el mundo profesional de la música nadie te dice que, antes de poder entrar a trabajar, además de tener un nivel como músico, también debes de conocer cómo y cuál es el mercado de la música. Exacto, la música, como cualquier otro producto, tiene un mercado específico el cual se puede dividir por géneros y hasta por instrumentistas.

Te das cuenta que no es lo mismo, profesionalmente, tocar en un grupo de rock, que en una orquesta, que en un trío o en un grupo versátil. Cada uno de estos ensambles tiene público distinto y, por lo tanto, tiene mercados distintos que deberá conocer el instrumentista. Por eso también cada músico debe conocer en qué mercado puede entrar o no, porque no es lo mismo, dentro del mercado musical, ser saxofonista que ser violinista o guitarrista. Cada uno de ellos tiene distintas posibilidades para ejercer su profesión, el saxofonista fácilmente encontrará un lugar en algún ensamble de jazz, el violinista en una orquesta y el guitarrista en algún grupo más versátil desde el rock hasta acompañando a un cantante.

Ahora, todo esto tuve que aprenderlo al momento de estar arriba del escenario, te das cuenta que como músico estas ofreciendo tus servicios y tus clientes, que siempre será el público, te exigirán lo más que puedan. Pero, lamentablemente, muy pocas veces las exigencias de tu cliente encontrarán afinidad con las tuyas. Muchas veces sucede que como músico uno se propone hacer lo mejor que sabe, que es tocar e interpretar, pero tu cliente lo único que quiere es tener a alguien que amenice sus eventos, que esté de fondo en algún evento, incluso muchas veces tomas el papel de 'adorno' para que el clienta pueda lucirlo en su evento con sus pares, esto sucede en todos los géneros y tipos de ensamble que existen, desde orquestas hasta grupos de música versátil. Y estando en este punto llega el momento en el cual te preguntas ¿esto es hacer música? ¿me hacen caso? ¿qué estoy haciendo?

Llega el momento en el cual te preguntas si la labor de un músico es solo tocar para sus clientes de la forma que sea y como ellos lo pidan. Cuando noté esto realmente me desanimé, estaba en una situación que poco tenía que ver con lo que imaginé alguna vez que era la vida profesional de un músico.

Fue entonces cuando pensé que el papel del músico en la sociedad no podría ser el de un adorno o un producto que pudiera ser consumido de manera idéntica a cualquier otro en el mercado. Pero las cosas a las cuales me enfrentaba cada vez me hacían pensar lo contrario. Notaba que además de la poca importancia que el público ponía a la música y a los músicos, el respeto y reconocimiento que se le daba a ellos era muy deplorable.

Sobra decir que el papel del músico en México es conocido por tener muy pocas ganancias económicas!exacto¡ en México es uno de los trabajos peores pagados, pero no estoy hablando de casos donde la cantidad de dinero que se le ofrece a un músico por sus servicios sea ridícula, sino que muchas veces se le exige al músico que termine pagando los gastos por presentarse.

Con las ideas absurdas de que: «un músico hace algo que le gusta, es fácil lo que hace y que es algo que cualquiera puede hacer», a las personas se les hace fácil exigirle a un músico que toque gratis, a cambio de una comida o con un sueldo miserable, a fin de cuentas “le gusta y nada más toca su instrumento”. Y es que parece que el hecho de que un músico disfrute de su trabajo lo hace objeto de exigencias tan absurdas como trabajar gratis.

Así es como noté que el papel que tiene un músico pareciera ser el de una simple rockola que está a disposición de los caprichos de los clientes y que, además, puede hacer su trabajo gratis o a un bajo costo. Ante horrorosa escena no podía quedarme de brazos cruzados esperando adaptarme a este tipo de trabajo profesional de un músico. Y es que por más que pensara y buscara algo en lo cual pudiera encontrar o aparejar la idea que tenía de la labor de un músico, encontraba que hasta las orquestas, que pueden tener mayor libertad musical, siempre estaban a disposición del cliente, se toca lo que pidan y ya, pocas veces se puede dar un repertorio que pueda explotar las habilidades musicales de la orquesta (aunque sé que podría encontrar opiniones distintas de mis colegas que trabajan en orquesta).

Sin embargo, ante este situación en la cual me encontraba pude entender que muchas veces, aunque el músico pueda tener todas las habilidades musicales necesarias y la mejor intensión de hacer música, el cliente será quien tendrá la última palabra. Pero creo que es aquí cuando el músico debe tomar “al toro por los cuernos” y mostrar que no es una simple rockola,debe mostrar que el papel que juega en la sociedad es mucho más importante que el de tocar, adornar eventos y cobrar medianamente bien.

Creo que el músico debe hacer notar, como profesional que vende sus servicios, que su labor es algo más personal y, me atrevo a llamar, intersubjetivo. Creo que debe tirar aquellos prejuicios del público que ven en el músico alguien que cumplirá sus caprichos, y debe hacer crecer la idea de que un músico trabaja con lo que muy pocas profesiones lo hacen, que es con la proyección de emociones, con el sentir a través de la música. Un músico lo puede tener claro, sabe que alguna pieza puede exigirle una interpretación muy emocional, muy fuerte, y eso es lo que debe proyectar al público. Pero para eso el público debe estar dispuesto a ver en el músico alguien que podrá proyectar emociones desde su instrumento y que, por lo tanto, también exigirá de él la comprensión y conexión necesaria para hacer que el trabajo del músico esté completo.

Por último puedo decir que, con todas aquellas cosas a las que me he enfrentado como músico dentro del marco profesional, no debemos espantarnos o negar el lado meramente comercial de la música porque, para bien o para mal, así es, no podemos cambiarlo y poco depende de los músicos hacerlo. Pero podemos hacer una labor más personal con nuestro público y hacerles ver que nosotros no ofrecemos ni vendemos un catálogo de música que pueden pedir a diestra y siniestra, sino que nosotros ofrecemos hacerle sentir, entender, experimentar y vivir por medio de nuestro trabajo, tal vez no sea lo que buscan, pero es lo que un músico debe hacer y es lo que la música, sobretodo, hace por si sola.


Leonardo Ponce

lunes, 21 de noviembre de 2016

Dilataciones en el tiempo voy a confeccionar
para que ya no hagas desastres nena,
para evitan que todo arda
[...]

domingo, 20 de noviembre de 2016

La ingeniería genética en la música

Esta es una respuesta al texto de mi colega M. Téllez Ingeniería genética y música, donde aborda una problemática planteada por el filósofo Michael Sandel referente al cometido que podría tener (o ya tiene) la ingeniería genética en la música y sobre el papel que tienen las nuevas tecnologías en el desarrollo actual de la misma.
 Cada vez nos cuesta menos pensar que llegará el día en el que se podrán realizar mejoras genéticas antes del nacimiento. Podremos ver a futuros padres emocionados por poder elegir de todo un catálogo de habilidades aquellas que crean más adecuadas e importantes para que su hijo pueda estar predispuesto a ellas y las pueda desarrollar de manera exitosa para su vida. Basta notar que muchas personas que ya son padres o están próximos desean con tanto anhelo que su hijo tenga (o hubiera tenido) cualidades físicas específicas o que destacaran en alguna actividad deportiva,artística, intelectual o, incluso, que tuvieran actitudes concretas desde que nacen. Así que ni siquiera nos sorprenderá que sea un hecho que las personas quieran modificar a sus futuros hijos cuando la ingeniería mecánica les pueda ofrecer un catálogo de habilidades y cualidades físicas que puedan «mejorar».
 Pensemos en el caso de la modificación genética que podrá surgir en el terreno artístico. Sería una especie de mejora en las habilidades musicales de las personas, un oído más desarrollado, una noción del ritmo más adecuada, etc., en cuestiones físicas podría tratarse de un buen desarrollo de las cuerdas bucales, en el caso de los cantantes, y en el caso de los instrumentistas podría ser el desarrollo de manos o brazos más adecuados para el instrumento que podrían tocar. Pero esto sería concerniente a la modificación genética pre-natal, es decir, serían «mejoras» para que en el futuro las personas pudieran desarrollar habilidades artísticas de manera rápida y sencilla dando como resultado grandes artistas o eso es lo que se esperaría.
 Sin embargo actualmente existen otras formas de «mejorar» el desempeño de las personas inmiscuidas en el arte para que puedan realizar sus actividades de una mejor manera, hablamos de aquellos casos donde los músicos toman “beta-bloqueadores”, como lo expone M. Téllez en su texto, para tener un mejor desarrollo en el escenario, la principal función que tienen estos fármacos es la de mantener el pulso cardíaco estable y evitar sobresaltos del mismo, dando como resultado a quien lo consume un estado de quietud, lo cual se traduce para algún artista, o para nuestro caso, para un intérprete, como una forma de poder dejar de lado los nervios o cualquier factor de estrés que pudiera afectar la interpretación del acto artístico en el escenario.
 Y es este caso en el cual Sandel ve una problemática por el papel que juega el intérprete al realizar su acto artístico, pues plantea que el hecho de que un músico consuma “beta-bloqueadores” puede resultar un acto de «trampa» o de cuestionamiento sobre la virtud artística que pueda tener el intérprete. Sin embargo debemos preguntarnos ¿Recurrir a fármacos para evitar o disminuir los grados de estrés y de nerviosismo que alguien pueda tener frente a un público es hacer 'trampa'? Me cuesta trabajo pensar que sea así.
 Normalmente la formación de un estudiante de música toma en cuenta el trabajo frente a escenarios, hay materias totalmente prácticas donde se ensambla junto a otros compañeros y al final del curso se realiza un concierto frente a un público. Y en lo que respecta a la formación 'informal' o fuera de las aulas de una escuela de música, siempre se tiene contacto con un escenario y con un público, muchas veces, diverso. ¿Qué quiero decir con esto? Que la formación de un músico, sea académica o no, siempre está relacionada con el factor escenario y público.
 Pero sucede muchas veces que a pesar de la constante relación con los escenarios un músico puede presentar casos de extremo nerviosismo y estrés al encontrarse en uno, entonces, según el caso expuesto, resulta 'tramposo' que un músico consuma beta-bloqueadores para poder controlar su sistema y tenga un mejor desarrollo en escenario. ¿Pero esto realmente afecta su desempeño artístico?
 Pensemos un ejemplo concreto, imaginemos que un gran violinista sufre pánico escénico y afecta de manera directa su interpretación al momento de estar en el escenario. Por la fama que tiene e incluso por los discos que ha grabado se sabe que es un virtuoso, no se puede dudar de su excelencia artística, sin embargo al estar en un escenario se desploma y no puede tocar el violín sin que su arco tiemble sobre las cuerdas o sin que desafine muchas notas, entonces, ante este ejemplo, podríamos cuestionar si el consumo de beta-bloqueadores resultaría una trampa como lo afirma Sandel. Y, puntualmente, podríamos preguntarle si es que el violinista pierde parte de su arte o se hace 'inválido' por el hecho de consumir dichos fármacos.
 Me parece que el hecho de que Sandel afirme que el ser un buen músico implica controlar cosas como el pánico escénico, como lo menciona M. Téllez en su escrito, es una declaración que muestra la poca intervención en asuntos artísticos. Pues si un músico (o cualquier artista escénico) tiene problemas el enfrentar problemas psicológicos frente a un escenario y puede afrontarlos con la ayuda de fármacos para evitar que su participación se vea estropeada muy poco tiene que ver con asuntos artísticos y más con cuestiones técnicas e incluso de estilo.
 Basta con pensar en la gran cantidad de artistas que han enfrentado el pánico escénico recurriendo, no a beta-bloqueadores, sino a drogas; o en los casos donde el artista, para confrontar estos problemas, hacen de su misma participación la forma en la cual pueden vencer sus miedos escénicos.  Y es por eso que pienso que el cuestionamiento de Sandel se encuentra en un lugar más técnico que artístico. Es más fácil pensar que un músico de jazz o de rock suba drogado al escenario que un violinista de alguna sinfónica o un cantante de ópera.
 Además, pensando en aquellos 'puristas del arte', que sacrifican y arriesgan todo para que el arte sea Arte, ¿en verdad sería mejor prohibir el consumo de beta-bloqueadores a los artistas aunque esto implicara que no pudiéramos escuchar un concierto de Bach tocado por un virtuoso con pánico escénico?
 Respecto a este primer caso diría que la intervención genética o de fármacos que ayuden a un mejor desarrollo de los artistas está inmiscuido en temas meramente técnicos. Se podrá lograr que las personas no tengan pánico escénico o que desde niños tengan grandes habilidades musicales, pero esto, a fin de cuentas, solo ayuda al procedimiento. Estar mejor adaptado a las situaciones a donde nos lleva el arte (escenarios/instrumentos) es solo una cuestión técnica, el momento en el cual una persona prueba que es un artista es cuando refleja, con lo que hace y no cómo lo hace, lo que su sensibilidad y su pensamiento han creado de una manera libre y directa para las demás personas.
 Tomando el segundo caso que se refiere a mejoras técnicas dentro del ámbito musical, M. Téllez expone el ejemplo de las salas de concierto y en específico de las óperas. Se entiende que la ópera, y la música en general, no se puede prestar tan fácil a una relación armoniosa con las nuevas tecnologías, que van desde la amplificación del sonido hasta la añadidura de sonidos nuevos.
 Sin embargo esto no es nada nuevo en la música, desde siglos pasados se ha dado una evolución y una relación de la música con las nuevas tecnologías que muchas veces no ha sido percibida. Simplemente podemos pensar que desde el surgimiento la música la evolución de los instrumentos ha ido acompañándola, hoy en día podemos ver en las salas de conciertos que en muchos conciertos de guitarra clásica se hace uso de amplificadores para los solistas, pues el sonido de una guitarra no basta para competir contra toda una orquesta. Por otro lado podemos ver que los instrumentos se han ido 'renovando': antes las flautas eran de madera, ahora son de metal, antes los instrumentos de cuerda frotada usaban cuerdas hechas con tripa de gato, hoy se usan cuerdas de distintos materiales y así como estas modificaciones han surgido otras más que, aunque no sean tan específicas como la añadidura de micrófonos, han estado presentes a lo largo de la historia.
 Ahora, hablando del canto operístico y la añadidura de la amplificación sonora por medio de micrófonos. Me parece que la idea de que la amplificación sonora 'ensucia' o 'degrada' la labor artística de los intérpretes y 'arruina' lo que es la ópera, entendida como la exaltación y lucimiento de la voz humana, es una idea que, como el caso anterior, esta centrado en cuestiones técnicas.
 Es verdad que existen salas de conciertos donde la añadidura de estas tecnologías resulta problemática, pero esto es porque la construcción de dichas salas ha sido pensada para eso: para la realización de conciertos acústicos, específicamente para orquestas, coro, solistas, cantantes, etc. Detrás de una sala de conciertos existe una gran labor arquitectónica que se encarga de elaborar un lugar con una acústica perfecta para que no sea necesaria la añadidura de estos elementos a la sala y no por que esta tecnologías 'ensucien' o 'dañen' la labor artística, sino porque se busca dar a los espectadores una calidad acústica distinta. No es que se rechace el uso de estas tecnologías, es solo que se busca una experiencia acústica con la construcción de salas pensadas para ello.
 Además, podemos pensar en aquellos casos en donde la música orquestal no contaba aún con estas tecnologías y, a pesar de eso, se busca una forma en la cual se pudiera ampliar el sonido, muchas veces porque la obra musical lo requería, como en el caso de las obras de Wagner, o porque los espacios en lo cuales se realizaban los conciertos no eran lo suficientemente adecuados para dar un concierto y se recurría a reforzar la orquesta con un mayor número de músicos.
 Tomando esto en cuenta debemos pensar que la música y las nuevas tecnologías no representan ninguna forma de contradicción y tampoco existe un problema en la relación de ambas, incluso en la música académica se usan estas tecnologías con buenos resultados y buena aceptación. En el caso del canto operístico, y en general de la música orquestal, el uso de micrófonos puede ser de gran ayuda para solucionar muchos problemas que surgen a causa de escenarios en espacios abiertos, número de músicos o incluso, como sucede con obras contemporáneas, resulta necesario la añadidura de estas tecnologías.
 A manera de conclusión podemos decir que la relación que tiene la música con los avances científicos es benéfica, además la ayuda que otorgan las mejoras tecnologías ha sido muy bien tomadas por la música. Por las cuestiones de mejoras genéticas queda mucho por discutir, sin embargo, al estar hablando de un arte resulta muy complicado pensar que bastará la intervención genética para crear artistas, podemos imaginar que podrían existir personas que tuvieran un buen desarrollo artístico, que pudieran tocar un instrumentos desde pequeños, que pudieran pintar grandes cuadros, etc. pero ¿el arte se reduce a pintar, tocar, escribir, actuar o bailar como un experto?
Me cuesta mucho trabajo pensar que la ingeniería genética podrá crear artistas, creo que podría crear grandes expertos en algún arte, pero para crear artistas no basta con saber tocar o bailar muy bien...


Leonardo Ponce

Accidentes consecutivos

Han tenido cuarenta y cinco accidentes consecutivos. Por eso es que no pueden hacer tareas sencillas. 
 Su vida no es fácil, lo sé. Desde que despiertan ya traen la ropa puesta, no pueden tardar más de cinco minutos en desayunar ni tampoco otros cinco minutos cepillándose los dientes y aseándose. En seguida hay que trabajar. Desde hace cuarenta y cinco días que tuvieron su primer accidente o contratiempo, no importa si no es una lesión física o psicológica: llamemos accidente a no tener tiempo.
 Luego del primer accidente, viene el segundo, el tercero, el cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno, décimo, décimo primero, décimo segundo... 
 Desde un momento, que es cuando se da el accidente, no pueden hacer nada -ni cagar- en las próximas 24 horas: imaginar que se tienen 30 minutos libres es impensable para ustedes. Hay accidente, ¿¡Qué puta parte no se entiende!?
 Luego de esas 24 horas, se extiende la cuarentena y son 48, luego 72 horas en donde, como todos sabemos, no hay posibilidad para pensar ya no sólo en 30 minutos libres: en 10 minutos. 
 Accidentes consecutivos. A cada minuto, cada cuarto de hora, cada hora, ¿su vida?
 Yo lo entiendo, porque sé que hay personas que están muy mal en el mundo. 
Accidentes consecutivos... ¿Durante toda su vida?

M. Téllez.