viernes, 5 de junio de 2015

Tus líneas en sonidos

Tus líneas en sonidos

Tavish y yo entramos al bar. Un sujeto alto y fuerte nos revisó antes de que ingresáramos. Tavish fingió una llamada, llevaba en su mochila una botella. Ya estábamos un poco ebrios. Lo esperé unos segundos ya adentro del bar. Tavish se deshizo de la botella -que ya estaba vacía- y entró. Elegimos mesa. Nos atendió una mesera. No era joven, tampoco se veía muy adulta. Me quedé mirando algo sin observar bien, lo hice porque estaba pensando. Sentí' que la mesera me miraba, luego entendí que Tavish ya iba a ordenar bebidas. Pedimos un momento para deliberar. Será absenta. Miré a la mesera de lejos. Me llamó la atención su piel: delgada, suave, atractiva, pero yo ya estaba ebrio. Tal vez es el alcohol. Regresó a tomarnos la orden. Podré estar ebrio, pero mis sentidos -en este punto aún- no mienten tanto. ¿Qué hará en este lugar esa mujer, además de ganarse la vida? ¿Entenderá que los hombres con los que trabaja la miran con un deseo que finalmente no es del todo un deseo romántico? Qué carajo, es mayor que yo. Debe saber de sobra. Encienden nuestras bebidas, y no es metáfora. Desconfío. Me acerco la copa a la nariz, en efecto, absenta. Se toma prendida- rememoro el consejo de la mesera. Vuelvo a encender el líquido, bebo. Quema como alcohol, quema como fuego. Despierto. Siento calor en mis mejillas. Doy otro sorbo y aniquilo el fuego en mi boca. Tranquilo, profe - me dice Tavish. ¿Qué pensará esa mujer de piel suave y atractiva? Si estuviera más ebrio y llevara dinero, la invitaría a un cuarto, al diablo. O tal vez le inventaría unas líneas con contenido que pueda entender pero con conceptos que le parezcan difíciles. Seducción. Es el alcohol. Sea el alcohol, siento que debo escribirle. Saco una hoja y bolígrafo. Esbozo una frase de cereal, pero concluyo que si ella no es simple, podrá encontrar matices que destruyan lo soso de la frase: El tiempo es relativo. En seguida surgen más ideas, frases cortas, tajantes, con cuestiones implícitas y afirmaciones implícitas: ¿será el alcohol? Termino de redactar. Tavish me indica que es hora de irnos. Le hago caso. Él camina delante de mí, yo busco a la mesera. Está a unos pasos, se cruzará en mi caminar. Hola, escribí una nota para ti. Quédatela. - le digo. Gracias. Hasta luego- me responde. 
 Encuentra los matices donde quiera que estés hoy. 

M. Téllez.

Consenso mundial

Consenso mundial

La gente desolada. Ya sabían de qué se trataba el final. Los líderes entendieron que sus delitos eran más que obvios, y si se detuvieron fue porque también entendían de qué se trataba el final. 
  Lo hablaron. Nadie contra nadie. Ayudar si quieres. Si matas, desatas a las bestias. Morir por tus medios. Morir porque eso es el final. Sin leyes, sin trabajo, sin sueños ya. 

Un consenso mundial. Viaja si crees que tiene sentido gastar energías. Siempre fuimos un accidente. Ya todos lo sabemos. 

M. Téllez.

martes, 2 de junio de 2015

Seremos

Seremos

Aunque no estés
las cosas comienzan a flotar en mi interior,
algunos órganos se comprimen,
mis ojos dejan de observar,
te están buscando y no es en el exterior.
Me cuesta trabajo respirar,
mis ideas están dispersas,
también están deseosas,
anhelan tocarte también.

Me siento abrumado,
envuelto,
quizás encerrado pero con fuerzas,
es la jaula del deseo.
Perdería las llaves del cerrojo
sólo si estuvieras aquí.
Que nos queme el metal de la jaula
nosotros conduciremos calor
nosotros podemos crear.
Que una gota de sudor caiga
en la base de la jaula
y pronto evaporará
sólo si estás aquí.

Podríamos pisar el césped húmedo
con los pies descalzos,
podríamos correr sin fatigarnos
para de todos modos tropezar
y no nos dolería.
No nos dolería.


Caminaremos buscando la lluvia
como aquella tarde de julio,
te sujetaré de la cintura y te diré cuánto me gustas,
las gotas te susurrarán que no miento
que te deseo tanto como el número de ellas.


Buscaremos cobijo en un árbol,
nosotros no somos el factor
pero nuestras prendas no tolerarían las gotas.
Observaré cómo arreglas tus cabellos,
veré el brillo de tu cuello,
una gota se deslizará
y me mostrará un camino.
Un camino que querré recorrer.


No tendremos que decidir a dónde más ir
nuestras piernas nos conducirán
nuestros latidos les dirán por dónde pisar
nuestras manos estarán enlazadas
tal vez vayamos de prisa y ninguno quedará atrás.

Buscaré tus ojos en la oscuridad con mi mirada,
tendré los pies sujetados al suelo,
no quisiera perderme en un espacio extraño
no sin saber que estarás conmigo.
Recorreré tu cuerpo buscando un sitio apropiado,
como cuando acaricias un mapa queriendo encontrar la dirección correcta,
entenderé que eres perfecta y que no hay un sitio adecuado,
todos serán idóneos.
En todos lados querré estar.
Empezaré a flotar y tú lo sentirás,
cada parte de mí será independiente,
cada parte de ti lo sabrá,
mis ideas se esparcirán como neblina,
sabrás quién soy detrás de todo,
tú lo sentirás.
Me desvaneceré lentamente,
sin apartarme ni un momento de tus ideas,
me sabré vencido y querré seguir perdiendo.
Mis labios te venerarán,
algo en mí te creerá belleza absoluta
y entonces el vértigo estará ahí
pero intentaré luchar contra él
sólo para seguir venerándote.

Tan sólo para decir que he seguido amándote.

Te llevaré al amanecer con un color,
sabrás que no es un sueño porque nunca un sueño podría ser así.
Seremos tú y yo.
Sí.
Seremos tú y yo.

M. Téllez.



martes, 26 de mayo de 2015

Nunca te abrazaría

Nunca te abrazaría

Alguna vez te dediqué unas líneas por varias causas. La primera, porque no toleraba tus supuestos lloriqueos; la segunda, porque es patético que tengas planes y que no puedas ni con tu ánimo. 
Hoy mi rabia ha crecido. Escucho cuando emites juicios de poca satisfacción hacia la gente y por las prácticas que realizan, pero me pregunto -y te pregunto-: ¿ a caso tú te sientes satisfecha contigo misma? No. No comprendo, entonces, con qué tipo de voz crítica crees que hablas. Ni siquiera tienes voz. Basta echar un mirada a las líneas y notar que tu pluma tiembla. Admites que te tiembla el cuerpo, seguro omites la parte en que no soportas ni mirarte al espejo porque tú misma te provocas nauseas. No podría decir que siento compasión por ti, ya que tendría que encontrar como razonables las causas de tu pasión -tu sufrimiento- y no las encuentro razonables. Te inquieta tener que escuchar cuestiones absurdas de un sentimiento que tú ignoras, imagina lo que debo tolerar cuando escucho tus balbuceos, para no mencionar que tu asqueroso silencio me basta. 
Pensé que la cuestión acerca de por qué tuviste que encontrarme se desvanecería desde aquel primer enfado que sentí. No se ha ido. Y cuando comencé a escribir, quise ser más tajante y postular: ojalá hubieras muerto. Pero qué curioso, ahora que lo sopeso, tú ya estás muerta. Y no hace mucho sugerías que de nuevo lo estabas. Qué patética. Valoras algo y no lo quieres ver: si no valoras nada, tendrías -necesariamente- que estar muerta. Y quitarse la vida no es algo complejo. 
No sé por qué razones aparentas ser crítica, distinta, consecuente y al mismo tiempo, ignorar esas cualidades. Me alegra que las ignores, porque en efecto, no las conoces. 
No sabes hablar. No es de sorprenderse, los ruidos que haces en tu casa, no implican un diálogo. Seguro lo sabes. Cada quien en su propio mundo. Cada quien deseando su muerte. Cada uno con su hastío. Con su miseria. 
Tal vez tú creíste que conocerme sería algo bueno. Conocer a quien sea no tiene un valor. Tú comenzaste a darme un significado, y me pregunto, ¿por qué lo hiciste? Entiende que debes significarte tu primero. Y si sigues pensándote como la asqueada, entonces no comprendo cómo quieres seguir. No sé qué aportes pueda dar un asqueado. Ya hay suficiente asco en el mundo. 

M. Téllez.

lunes, 18 de mayo de 2015

Menos

Menos

La contingencia estará en mí.
Mira desde mi ventana,
sólo hay árboles y luces,
tal vez un cielo aún.
Han entendido mal la humanidad.
Respira desde el balcón,
sólo querrás arrojarte al vacío.
Tal vez sobrevivas.
El desgaste seguirá palpitando.
Camina donde quedaron mis huellas,
no bajarás la mirada, buscarás en vano,
no habrá nadie
 vas a querer correr.
Tu silencio seguirá agobiándome.
Escucharé las notas que ignoraste
y no las despreciaré,
una nota es más valiosa que tú.
Su intención tiene más realidad que tú.
La realidad ha cambiado.

Desconozco las leyes de hoy.

M. Téllez.

domingo, 17 de mayo de 2015

MÁTAME


Flor silvestre,
                     escueta,
limpia.

Rómpeme los dedos,        
              truéname los cielos.

Arráncame las costillas
del hambre.

      Mastícame los infiernos.

Haz de mí un vello, 
incrustado en la piel del maldito fugitivo.
       Breve, 
               demonio alado. 

Ten lo que soy y he sido.

Punzada discontinua. 

          Nada valgo ya,

temblorosa,
                    sobria mujer
     impermeable. 

¿De qué vive alguien así? 

Si algo hay de mí,
          aquí,

                mátame
o déjame morir,

gota a gota, 

                 intermitentemente. 

Batalla

Batalla

Dice un filósofo mexicano: "Hay sentimientos como vértebras: nos mantienen de pie y son endebles." Ciertamente, son palabras de una de sus novelas -también es escritor-. Sin embargo, sean líneas de novela, sea retórica o cualquier otro adjetivo que se les ocurra, es cierto. Si seguimos vivos es porque 1) valoramos la vida y 2) valoramos otra cosa. Y seguramente ese valor va acompañado de algún sentimiento. Hay de sentimientos a sentimientos, unos pueden ser morales y otros más privados, como la excitación o el amor. Valerse de la cita mencionada tiene un objetivo. Tal vez deberíamos pensarnos así, endebles, es algo obvio para algunos, pero en ocasiones lo olvidamos. Lo olvidan las personas que tienen pareja: no se les ocurre que su pareja se puede ir con alguien más, se puede morir o irse sin más. Y puede ser el caso que esa persona es la que los mantiene de pie. 
Tal vez lo olvidé en algún momento, cuando decidí reprimir los deseos que sentía por Frida. Ella no me mantenía de pie, pero era parte de mi vida. Esto me hace pensar que eliminar sentimientos -o transformarlos, porque es posible- es diferente del atrincheramiento que ocurre cuando alguien se cuela en tus planes, en tu vida. Es como una casa. Tú construyes la casa, acomodas los cimientos, llenas espacios para que no haya accidentes futuros, y si alguien te ayuda, ese alguien pondrá algo donde a ti no se te había ocurrido. Luego se va. 
Soy endeble, tan endeble que un sueño me orilló a escribir: qué endeble. Qué lloriqueo. Me dieron ganas de beber aunque ayer ya lo hice. Sé que sigue ahí, pero no sé qué hace. Ella también es endeble, la diferencia es que poco le importa y prefiere ignorarlo, callarlo y seguir -aunque seguir no implica avanzar, seguir puede ser estar parado, pero respirar aún-. Entender que algo tan trivial me orilla a escribir me causa rabia. No puede ser- me digo. Pero es. Maldita sea- finalizo. Y me dan ganas de beber. 
Al modificar los sentimientos te subestimé. Pero qué más da, mi risa te fastidia y a mí me fastidia tu silencio. Tu maldito silencio. Tu maldita tranquilidad que sólo oculta tus miedos, tus tristezas, tu rabia y tu dolor. Esa misma tranquilidad que llamó mi atención. Entonces no decía que era maldita, hoy lo digo por la rabia. 
Me hiciste más endeble. Te mentí y luego tú mentiste. Caíste y yo detestaba levantar a la gente. Ya había extendido mis manos varias veces, pero igual me inquietaba seguir, no soy una casa de caridad: doy razones que son pilares y uno deberá entender si las acepta o se sigue cayendo. Decidiste seguir cayendo. Eso te lastimó. Enredos y más enredos. Como dice una canción: I see you standing there like a rabid dog and you got those crying eyes. Makes me wanna surrender and wrap you in my arms. Sí me dan ganas, pero qué tontería. Y esa tontería me hace escribir. Aún soy endeble. 
Seguro que soy necio. No hay más. No tengo ya objetos de Frida -o tal vez están demasiado bien guardados-, pero cuando pienso en objetos o tan sólo en memorias, viene a mi mente otra sentencia de Oliveira -el escritor a quien ya cité-: "Pero al final siempre termino argumentando que darle significado a los objetos es sólo una forma de aferrarnos a la vida, a la memoria, a lo que somos. Y nunca ganaremos esa batalla, la historia humana de siempre."
Parece que nunca ganaré mientras siga dando significados. 

M. Téllez.