viernes, 21 de febrero de 2014

Lucha de contrarios-complementarios

Lucha de contrarios-complementarios

Nos miramos en el segundo indicado, identificándonos inmediatamente, fue como una especie de reconocimiento. Desde ese momento, mis días no han sido iguales. Parece ser que con esa mirada, pudo penetrar en mis pensamientos con fuerza tal que ahora, al cerrar los ojos no puedo dejar de imaginar su rostro. Me he aprendido de memoria el sitio exacto que ocupan ojos, nariz, y boca en  su rostro. Incluso puedo decir que siento cuando una sonrisa se aproxima. La siento antes de que se muestre.

Llegó a acomodar todo, a darle orden al caos. Es esa persona que me ha demostrado que no importa cuánto tiempo estés con otra persona, lo que importa es demostrarle que es especial cada segundo que estás con ella. Él y sus grandes ojos que hablan con los míos. Él con su paso vagabundo. Él con su mano que encaja perfecto en la mía. Somos tan diferentes es muchos aspectos, me atrevo a decir que somos diferentes en casi todos, sin embargo, acontece en nuestra dinámica diaria esa “lucha de contrarios” que Heráclito mencionaba. Seguramente transpolaré la teoría heraclítea cosmogónica a una teoría amorosa forzadamente. Esos contrarios que en realidad no son tan contrarios, sino complementarios. La lucha de contrarios no es una batalla que al momento de tener lugar, origine destrucción sino una dinámica de complementación que da lugar a la génesis misma.

Para el filósofo de Éfeso, la lucha de los contrarios entre sí, lejos de ser una suerte de batalla en la unidad del Uno, le es esencial al ser mismo del Uno, puesto que el Uno solamente puede existir en la tensión de los contrarios. La realidad es una pero al mismo tiempo es múltiple esencialmente. Para que exista el Uno es necesario que sea a la vez uno y múltiple, es decir que posea “identidad en la diferencia.”[1]

Es decir que es necesario que existan estos contrarios para dar lugar a la Unidad: la lucha de contrarios comprendida como el proceso de la creación. En el fragmento 51, Heráclito pone en manifiesto la necesidad de estos contrarios para dar lugar a una unidad, al referirse al arco y la lira, plantea la conexión tal que actúa al mismo tiempo por caminos contrarios y es mantenida si y sólo sí la tensión se mantiene equilibrada exactamente a la otra, pues si ocurre que una de las tensiones opuestas se fortalezca en demasía, la armonía se destruye. La lucha de contrarios-complementarios posibilita el orden y el equilibrio. Son un ensamble, es decir, partes que funcionan en pos de un mismo fin.

Fr. 51 (de HIPPOL., Refut., IX, 9, 2)
[Y que esto no lo saben todos ni lo reconocen, se lo reprocha de la manera siguiente:] “No comprenden cómo lo divergente converge consigo mismo: armonía de tensiones opuestas, como [las] del arco y la lira.”

La armonía como lucha, realizada por la justicia, es la que irradia el orden mismo del mundo. Para Heráclito el cosmos “siempre ha sido y será fuego eternamente viviente, que se enciende según medidas y se apaga según medidas.” (Fr. 30) La importancia de los contrarios para este fuego eterno es grande, ya que el fuego, para seguir existiendo necesita pues, al haber intercambio hay una compensación mediante la cual el fuego gana lo mismo que cedió antes. Hay energía conservada y una equivalencia imperante en los intercambios de los contrarios.
El cambio produce cierto desorden y supone algún grado de irracionalidad, sin embargo, ese desorden e irracionalidad se resuelven en la unidad del propio cambio, considerándolo en conjunto. El principio de identidad de lo que es se da precisamente en el cambio, es decir que “lo que es” es “porque es cambio, y no a pesar de su cambio”[2], es decir que el cambio explica el ser.

Así, ese morir y renacer, la noche y el día, el hombre y la mujer, la salud y la enfermedad que siento cuando lo veo, es una lucha que se desarrolla tanto en mí como en él. Estamos dando lugar al nacimiento de algo que aún no sé cómo nombrar pero que es común a ambos y necesita de ambos para seguir existiendo.


Ixchelt Hernández



[1] Copleston, Frederick, “El mensaje de Heráclito” en  Historia de la Filosofía I – Grecia y Roma, [Trad. de Juan Manuel García de la Mora], 7ª ed., Ariel, Barcelona, 2004, p. 53.
[2] Nicol, Eduardo, “De la política a la Filosofía como concepción del mundo – Unidad y pluralidad.” en La idea del hombre, Herder,  México, 2004,  239.

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