Errores
Cuando emprendemos alguna empresa, es decir, nos fijamos y estamos ya en proceso de realización de 'x' objetivo, tendemos a idealizar. No es novedad, cuando comienza un semestre, regularmente el pensamiento es 1) sacar todas con 10, 2) subir el promedio, en una sola palabra, demostrar nuestro 'nivel' en el ámbito académico. Lo anterior es un ejemplo, hay otras cosas en donde depositamos esa especie de ilusión que va arraigada con el idealizar, al menos en el sentido de lo que estoy escribiendo. Ese sentido es el que defendería. Otra 'verdad genérica' -siguiendo la terminología de un colega- : las cosas no resultan del todo como las planeamos. Me vi obligado a usar esa frase de cereal para no dar tanto rodeo y exponer el porqué se titula éste escrito 'errores'. Básicamente quiero mencionar la importancia de los errores -propios y ajenos- respecto a los objetivos o escenarios en donde nos empezamos a involucrar.
Mencioné que idealizamos -el resultado, el proceso, las circunstancias, etc- cuando emprendemos el proceso para conseguir un fin. Luego no todo resulta como uno idealizó. Lo anterior es visto como algo frustrante, creo que lo es, cuando eres niño o dejas que tus espectativas se rijan por una emoción. No tiene porqué ser visto como frustrante, al contrario, debe ser visto como algo 'cotidiano', como una buena señal, podríamos decir. ¿Por qué? Imagínemos que el fin es un círculo, todas nuestras creencias respecto a ese círculo las idealizamos, pertenecen al conjunto de creencias sobre el círculo. Ahora bien, ese círculo -el fin- regularmente está no sólo regido por nosotros, en ocasiones hay otras personas involucradas, basta pensar en un noviazgo, una amistad, un empleo, etc. Nuestra actitud puede ser impecable, sin embargo, la del otro no. Cuando falla el otro es cuando viene aquella frustración, enojo, tristeza, etc. Depositamos ilusiones -o alguna otra emoción similar a ésta- en donde un otro puede venir a movernos las cosas, a alterar el círculo, el resultado del círculo. Admito que ésta situación merece ser vista como una cosa frustrante, pero defiendo que no. ¿Por qué no? Porque nos olvidamos de que tratamos con seres finitos como nosotros, y que su ley moral -o hasta pragmática- es quizás muy débil, a menos que uno sea quien posee esa ley débil y sea uno quien esté jodiendo al otro. Pero el escrito va dedicado para quienes tenemos una ley moral decentemente recta. O en su defecto, una ley pragmática que no afecta a otros, una ley pragmática buena onda, digamos. Luego de éste rodeo, como decía, nos olvidamos de que los otros pueden ser muy débiles, inseguros, irresponsables, nunca debemos olvidar esto. Porque es curioso que en ocasiones no sólo idealizamos el fin, sino a los agentes que participan también. Es cierto que hay agentes que demuestran tener buenas intenciones, y quizás de hecho las tengan, pero sus acciones no llevan tanta fuerza voluntad que parecen presumir con las palabras. Eso no sirve. Sirve para hacerle creer al otro ciertas cosas, pero en tanto que para la realización del fin y lograr ese 'bien común'que pueda surgir, no sirve. Es más, sólo deteriora. Deteriora nuestras creencias, y es muy común que ocurra, y debería ser así -quizás- con un error, deberíamos pensar más las cosas, deberíamos sabernos inseguros de si seguir aportando lo que podemos ofrecer o ir abandonando poco a poco la tarea emprendida. O si no se quiere abandonar el fin, dejar de involucrar las emociones.
El error del otro nos ayuda a recobrar la inseguridad que de hecho debemos tener en algún momento, no al grado de no hacer, sólo de sabernos ignorantes de la seguridad que pueda haber al realizar, si es que la hay.
M. Téllez.
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