viernes, 24 de enero de 2014

¿Egoísta?

¿Egoísta?

Actualmente nos tratan de convencer de que “el otro es tan importante como yo”. Esto parecía yo aceptarlo sin cuestionamientos y parecía saber cómo conducirme ante la vida. Pero un día me di cuenta de que a veces actuaba respetando la existencia de los demás honestamente y otras tantas actuaba así en un afán de parecer buena persona. Hasta aquí parecía un tanto tolerable mi modo de proceder ante la vida pero un día me di cuenta de que este sentimiento de empatía —que debe existir idealmente para todos los demás seres humanos que no son yo—, para algunos (muchos) casos no existía; es decir, hay ciertas personas a las que no les puedo dar importancia ni preocuparme por ellas, ni su destino. Antes me llenaba de pesar esto ya que me sentía una persona sumamente egoísta y, entonces, trataba de mentirme a mí misma y me forzaba a condolerme por todos los demás. Pero un día en clase de Filosofía Política llegaron preguntas  que el profesor tiró al aire y me hicieron sentir menos preocupada por no entristecerme a causa de la mala suerte de los otros. Él dijo: “Ahora nos están vendiendo el argumento de la Otredad, es decir, que el otro es tan o más importante que yo, pero ¿de verdad tengo que preocuparme por él? ¿Él se preocupa por ?”
Y sí, estas preguntas tal vez fueron como un salvavidas. Mi modo de actuar se torno en acciones que no despertaban culpa en mí y parecía que los autores de la Ilustración satisfacían con argumentos mis dudas. Locke, por ejemplo, decía que las leyes nacieron en un afán de protegerme a mí y a mis posiciones Para lograr subsistencia y buen orden en el estado de naturaleza, es indispensable que la ley de naturaleza se cumpla, por esta razón, cada hombre tiene derecho de castigar a los transgresores de dicha ley en la medida que sea violada. Entonces, se castigará según los dictados de la razón y la conciencia y las penas serán proporcionales a la transgresión. Así, es la única forma en que un hombre puede tener poder sobre otro. Esta ley natural es una reguladora universal pues abarca a todos los hombres.
Todo que transgreda la ley se estará apartando de la recta norma de la razón, de los principios de la naturaleza humana; se convertirá en una criatura nociva pues ha renunciado a seguir los mandatos de la razón y será una amenaza para los demás hombres. Cuando ésta cometa alguna injuria, habrá una persona que sufra el daño como consecuencia de esta transgresión. En este caso, quien sufra el daño tendrá derecho de castigar y un derecho particular de buscar reparación de quien le ha causado el daño. El agraviado será el único que podrá perdonarlo.
Esto se debe al derecho de autoconservación, es decir, al derecho que tiene cada hombre de castigar el crimen a fin de prevenir que no vuelva a ser cometido. Cada quien posee este derecho en virtud de su derecho de conservar a toda la humanidad y de hacer todo lo que estime necesario para lograr este propósito. Así, cada hombre tiene el derecho hasta de matar a un asesino para evitar que otros cometan la misma ofensa. El transgresor se convierte a sí mismo en una bestia salvaje, como si fuera un león o un tigre, y como tal, debe ser destruido. Entre estos peligros los hombres no pueden vivir y nunca encontrarán seguridad. Así, el hombre podrá castigar, en el estado de naturaleza, cualquier otro infringimiento menor de la ley.
Sería ideal que los hombres sancionaran siguiendo sólo los mandatos de la razón, pero se encuentran en él el amor propio y la pasión y deseo de venganza, los cuales hacen que actúen en favor de sí mismos y que castiguen más fuertemente a los otros, causando confusión y desorden. Debido a que las pasiones hacen que se viole la ley natural, se sale del estado de naturaleza necesariamente para evitar todo exceso e injusticia sobre los otros. Será necesario el consentimiento de cada uno de los miembros del estado de naturaleza para creación del gobierno civil y posteriormente de un estado político.
El gobierno civil y el estado político son necesariamente creados para evitar que las pasiones del afectado lo lleven a castigar con mayor rigor a quien lo afecta y no siguiendo los mandatos de la razón. Así, es un estado civil se establecen sanciones iguales para todos.

Todo esta teoría del surgimiento del estado político respondía la necesidad de entender el porqué del estado. Si nos damos cuenta, surge en un afán de protección no hacia el otro, sino hacia mí. Se acepta la entrada de un agente regulador dado que no se quiere que existan excesos a la hora de castigar las faltas de los otros pero tampoco quiero que me castiguen a mí excesivamente. Todos cuidan lo suyo y confían en que el agente regulador cuidará del buen funcionamiento del estado. Así, se aseguran las posesiones de cada uno en una dinámica egoísta para que exista tranquilidad en cada persona que constituye la ciudad.

Me sigo preguntando si es que es malo ser egoísta. Y las preguntas tiradas al aire por mi profesor siguen martilleándome la cabeza en ocasiones.

Ixchelt Hernández

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