viernes, 3 de enero de 2014

Fin e inicio de año

Fin e inicio de año

Cada fin de año algunas personas presentan un comportamiento diferente: pretenden actuar “bien” una semana del año para así limpiar la conciencia de las malas acciones realizadas el resto de él. Así que, en diciembre aparecen personas que regalan al pobre alguna prenda que habían tenido guardada por años, personas que compran muchas cosas desesperadamente para agradarle a los seres queridos, personas que hacen lujosos platillos para festejar la unión de esa familia que el resto del año vive en discordia… Diciembre parece ser el mes conciliador.
No es que esté bien o mal —no pretendo hacer una crítica de esto—, sólo pretendo mostrar lo que acontece en estas fechas. Hace días pensé que las personas pretenden portarse bien porque se dan cuenta de que con cada año que acaba, se va también su vida. Nos estamos acercando al final de ella y nos damos cuenta de esto más fácilmente cuando transcurre una gran cantidad de días o cuando se cierra un “círculo o ciclo” (como algunos prefieren llamarle). No sé si las buenas acciones se hagan para que las personas nos recuerden, por temor a que existan el cielo y el infierno o para estar a gusto con nosotros mismos.
Si es que con cada año que se va, nos percatamos que se nos está yendo la vida (cosa que debería suceder a cada instante: cuando escuchamos ese sonido que hace el reloj, cuando escuchamos alguna canción, al poner la alarma, cuando escuchamos las campanadas de alguna iglesia, cuando comienza a oscurecer…) tal vez sean la cena y los regalos alguna forma de agradecer no habernos muerto todavía y los nuevos deseos sean una manera de tratar de actuar mejor el año nuevo y así poder alargar un poco más la existencia. Los deseos tal vez sean un modo de querer asegurar la permanencia, por eso los deseos relacionados con la salud, la unión familiar, las oportunidades laborales o la superación personal.
Acaba diciembre y empieza enero. Otro año, otras oportunidades. Llevamos apenas 3 días del nuevo año y parecen todos empeñados en cumplir sus deseos. Espero que esta vez no los abandonen en algunos días. Yo me limité a comer sólo las uvas: me di cuenta de que soy tan común que ni siquiera intento cumplirlos y prefiero evitar “sentirme mal” a medio año o al final de este por no haberlos cumplido. Así que cada acción que realice dependerá de lo que exija el entorno en ese momento e irán surgiendo mis buenas o malas acciones día a día. Claro, siempre pretendiendo que se tienda a realizar lo que la razón dicta.
Como sea que suceda esto, espero que estas buenas intenciones que nacen en Navidad se alarguen indefinidamente. Si ya nos dimos cuenta de que estamos muriendo y de que la vida se nos acaba en un suspiro pues tratemos de actuar bien lo que quede de ella. Mucha gente dice que sólo se vive una vez y que no vale la pena preocuparse, yo me opongo a esta sentencia. Considero que si sólo se vive una vez hay que hacerlo bien y preocuparnos por cada una de las acciones que realizamos. Si actuamos bien día a día no habrá necesidad de preocuparnos a final de año por redimirnos, ni tendremos miedo a la muerte porque de existir un cielo o un infierno, sabremos que tendremos una buena segunda vida debido a nuestras buenas acciones en esta.

Así, la respuesta a este miedo a morir parece ser siempre el actuar satisfactoriamente, atendiendo a nuestra naturaleza —ideal— de seres razonables y racionales.
Ixchelt Hernández

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