Hay una joven que me gusta. La invité a salir. Ella fue más o menos clara: vamos a salir pero no quiero que intentes algo, sólo quiero salir contigo como amigos.
Recordé una canción española que entre sus líneas reza algo que dice "si cuando dices que no, parece que dices que 'tuyo es todo lo que ves, atrévete...'".
Se concretó nuestra salida, y lo que viví es lo que he decidido llamar 'Amigo' al infinito.
Arribé al lugar acordado con 15 minutos de anticipación: que se note mi caballerosidad. Ella al llegar, con esa sonrisa tan boba que le caracteriza y que yo he ido idealizando, me saludó cordialmente: ¡Hola, amigo!
Comencé con nuestros minutos contándole un par de anécdotas de días pasados en mi vida escolar y de mi vida como peatón, ella, muy gentil, me decía: ¡Qué interesante, amigo!
Nuestro andar por las calles se hacía pesado, y aunque ella me había dicho que no intentara algo, claro que no le haría caso, y mis dotes de caballero saldrían a relucir:
- ¿No te gustaría tomar un frappé o algo?
- ¡Ay, qué lindo, amigo! Pero no traigo mucho dinero...
- Pues en esta ocasión yo invito.
- ¡¿Cómo crees, amigo?!
- ¡Qué mierda! ¿Cuándo dejará de decirme 'amigo'? - pensé. ¿Pues qué tiene? No me dejarás en la pobreza sólo por comprarte algo para apaciguar nuestro camino - finalicé.
- Bueno, pero conste que yo no quería, amigo.
- ¡Puta madre! - pensé mientras copiaba su sonrisa boba.
Una vez que habíamos llegado a nuestro destino, comenzó a contarme de su vida. Aburrida. Pero, yo que soy un caballero, no olvidé los detalles y preferí darle la razón en todo.
- ¿Cómo ves, amigo?
- ¡Aghhh! ¡Me estás cargando, carajo! - le gritaba con mi sangre hirviendo. No, pues, no comprendo porqué alguien tan linda como tú tiene que padecer ese tipo de cosas - le dije mientras le regalaba mi mejor mirada de comprensión.
- Ay... eres muy amable, amigo. Pero seguro ya te estoy aburriendo, ¿verdad?
- ¡Obviamente, pinche morra! - seguía gritando con mi sangre hirvieron. Para nada, es muy interesante lo que me cuentas, me haces pensar cosas que no veía antes - continuaba mostrando mis mejores miradas.
- Eso dices. Por dentro te has de morir de sueño, amigo...
- No tiene sentido morirme de sueño por dentro: en todo caso, hablando de sueño, lo perdería por ti - aventuré, decidido a romper todo tipo de esquemas.
- ¿Qué?
- Lo que oíste. Vine aquí para quitarte tu tonta idea de que seamos sólo 'amigos'. Es más, si quieres que lo seamos está bien, pero acepta la oferta de ir a mi casa: bebamos y que el deseo mundano se apodere de nosotros. Y deja de decirme 'amigo', no me estés shenando las bolas.
Imaginé todo un diálogo cuando me dijo que moría de sueño por dentro al estar escuchándola.
- Claro que no, si tú quieres contarme algo, adelante, que yo estaré para escucharte - hábil bajo presión.
- ¡Eres tan dulce, amigo!
- Vete a la mierda. Tú también lo eres - finalicé.
Un desastre. Ya no sé qué le vi. Fue desesperante. Pero, a lo mejor las cosas pueden cambiar.
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