sábado, 19 de noviembre de 2016

Una sonrisa

Lidiar con un lego, necio y algún otro adjetivo que quieras sumarle a ese espécimen de cobarde que he tenido la fortuna de conocer en estos meses, y luego convivir con los demás cuerpos que aún no sé si sabrían qué es lo mejor que pueden hacer si les doy un arma, ensucian más lo que ya está permeado de porquería: la vida. 
 Es un lloriqueo sustentado en la suposición de que esa gente hace uso de la razón: si fueran más o menos racionales, no harían estupideces. Hacen un montón de estupideces: la conclusión es obvia. 
 Me dibujaste una sonrisa. Tal vez debería decir: trazaste una sonrisa mía con tus manos. 
 Un acto sencillo, pero terriblemente contundente y hermoso. En medio de las calles, esquivando al viento, y a los autos, sonreí por ti. Aquel trazo ha sido la creación que más me ha sorprendido de las experiencias que tal vez he vivido. Fue como una especie de consumación, donde no ocupaste de un argumento ni de algo parecido: llanamente me plantaste un gesto. 
 Todavía en las calles, se nubló mi vista. Me sentía tranquilo por unos segundos. La noche era mía. 

M. Téllez.

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